MONDOFRIKI, EL RELATO.

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MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Jose el Lun Ene 27, 2014 11:01 pm

CAPÍTULO I: Vamos todos a una fiesta.

Txabi descendió del escabel y retrocedió unos pasos para apreciar, siempre crítico, el resultado del trabajo realizado. El avatar de jacintoweber lucía en una pequeña panoplia que aún olía a barniz y colgaba de una alcayata en un lateral del muro de trofeos. Acababa de traerlo del taxidermista y presentaba un aspecto casi fresco. El nuevo miembro de la colección no ocupaba ningún puesto preeminente (al fin y al cabo era un mindundi), pero a Txabi siempre le gustó el trabajo bien hecho, por insignificante que fuera. Por un instante, y con la levedad que otorga el no ser plenamente consciente de ello, se permitió esbozar una mueca de satisfacción antes de borrar de su pensamiento todo rastro del suceso al que acababa de poner punto final.

Se dirigió a su despacho, abrió la caja fuerte y extrajo de ella el hermoso estuche cilíndrico, de cuero repujado con motivos de marroquinería y fino trampantojo de damasquinado, cuyo interior albergaba el preciado trofeo que había de entregarse esa tarde a Hanna y que la acreditaría como flamante triunfadora del reciente Festival de Votaciones y, por lo tanto, ganadora del premio Forera del Año. Ciertamente en esta ocasión había sido muy complicado conseguir el trofeo, el objeto físico, pues Daniel Baremboin no solamente se había negado obstinadamente a posar en tanga para la foto, sino que amenazó con cortarse la mano derecha antes que dedicar el póster, y esto incluso (qué desconsideración) sabiendo que era para Hanna. Caliope había tenido que emplearse a fondo, pero a esas alturas la capacidad de persuasión y la fiabilidad de Caliope ya eran proverbiales. Para ciertos, digamos, “menesteres”, no había nadie mejor...

Con esta tranquilidad en la mente y el espíritu, Txabi dejó el estuche de cuero sobre la mesa y salió del despacho. Cruzó el salón tarareando distraídamente un cadencioso blues, ascendió por la escalera a la planta superior de la vivienda y avanzó por el pasillo hasta el dormitorio, a prepararse para el acontecimiento.

Tras la ventana del despacho, una mirada turbia permanecía fija sobre el estuche abandonado.

----o----
Caliope acababa de salir de la ducha cuando en su teléfono sonó el tono "cuerno de caza", que tenía asignado a las llamadas entrantes. Enfundada en su albornoz de camuflaje y calzada con unas zapatillas de andar por casa con tacón de aguja y pompón plumoso en la puntera, chulísimas, trotó por la casa con la ligereza de quien acosa a un corzo, atrapó el móvil justo antes de que saltara el buzón y contestó con desenfado.

    [-]Dime, jipi... Claro que paso a buscarte, wapo... Sí, aunque no me invitaras a un Catisark también te llamaría wapo... No sé... todavía no estoy lista...  ¿Akratamondo?... No estoy segura,  tenía no sé qué concentración de esas a las que va cada dos por tres...Sí, de esas... Hombre, supongo que se acordará. Si no se entretiene mucho quemando cosas y corre más que la policía lo normal será que asista, claro... Vale, a eso de las siete... Chao.


Última edición por Jose el Sáb Feb 01, 2014 3:11 pm, editado 5 veces (Razón : Un personaje ha causado baja voluntaria. Retoques de estilo.)

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Txabi el Mar Ene 28, 2014 9:34 am

Cosso estaba dando los últimos retoques a su atuendo, antes de marchar hacia la fiesta. Comprobó que el discurso diese el pego. Había comprado papel biblia para que no se notase que volvía a tener mas de cincuenta páginas. Juntas, y bien aplastadas, parecía que tuviesen solo dos o tres. Era un sencillo panegírico de Hanna, un recordatorio a su llegada al foro, un laudatorio a sus mejores intervenciones, un sublime poema en versos alejandrinos resaltando su belleza física y espiritual, y luego una pequeña disertación del foro como metáfora de la posible unión de España en la riqueza de sus diversas culturas. Nada demasiado extremado. No quería que lo volviesen a encerrar en el lavabo, como otros años. Sonó el teléfono. Era Ishtar. Le decía que este año no habrían discursos de entrega de premios. Media hora despues, Cosso había terminado de mostrarle su decepción y desacuerdo. Ishtar colgó, y fue al botiquín a coger algo fuerte para el dolor de cabeza, dudó entre un ibuprofeno o una bala. Al final decidió el ibuprofeno.


En otro lugar, Diego volvía a repeinarse su juvenil melena. Ansiaba llegar a la fiesta, tomarse dos copas, bailar un bolero con Irene Addler, bailar otro bolero con Irene Addler, sacar a Cosso del lavabo y entrar con ella. Que se fuesen a mear a la calle.

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Kiruna el Mar Ene 28, 2014 1:03 pm

- ¡Alto ahí, quédese quieto!
El hombre greñoso y barbudo giró la cabeza y descubrió al guarda detrás suyo, justo en la puerta, asomando apenas medio cuerpo ante el temor de ser atacado. No era más que un estúpido guarda jurado que en breve se mearía encima. Así que el hombre greñoso pensando que no tenía tiempo para soportar los sueños heroícos de ningún imbécil agarró tres bombillas y se las arrojó; todas fueron a chocar contra el marco de la puerta deshaciendose en pedazos, pero al menos aquello sirvió para que el guarda corriera de nuevo escaleras abajo.

El hombre greñoso se asomó al borde de la azotea. En la acera, los cientos de trabajadores de la fábrica de bombillas Thomson le miraban boquiabiertos y a resguardo. En el suelo brillaban los millares de restos de bombillas que el hombre greñoso había ido arrojando al grito de: "LA ELECTRICIDAD TERMINARÁ POR DESTRUIROS. NO SIRVÁIS A LA ELECTRICIDAD" Había tenido la intención de llevar una pancarta para no romperse la voz pero su compañero, el único que ya le quedaba, se había rajado en el último momento y no le había prestado la sábana. Eran todos unos cobardes. Unos vendidos. Cogió cuatro bombillas más de la caja y las arrojó contra los trabajadores, estos se apartaron rapidamente.

Sonó el móvil, lo descolgó y aprovechó para arrojar un par de fluorescentes más. Le quedaba ya poca munición y la policía no tardaría en llegar.
- ¿Kancerbero? –dijo una voz femenina al otro lado
El hombre greñoso frunció el ceño, y durante unos segundos no supo qué significaba aquella palabra... hacía tanto tiempo que nadie le llamaba así que incluso se había olvidado. Y de pronto, aquel nombre y aquella voz le trajeron de vuelta un pasado que quedaba muy lejano, un tiempo en el que él no era Electro-slaughter sino un muchacho trabajador y sometido que todavía usaba bombillas para iluminar la nevera.
- ¿Quién es? –preguntó.
- Isthar ¿te acuerdas? de Mondofriki
Kancerbero sonrió. Mondofriki. Fue evocarlo y el color salmón le saltó rapidamente a la cabeza.
- Claro que te recuerdo, Isthar ¿cómo estás? –cogió dos leds y las arrojó sobre la cabeza de un operario que intentaba convencer a los demás de subir a por él en grupo. Así aprendería a no promover el abuso.
- Estoy bien, bueno, termino ahora de hablar con Cosso y estoy aturdida.
Kancerbero asintió comprensivo. Recordaba perfectamente a Cosso y su efecto jaqueca. Durante algún tiempo sospechó que Cosso podía ser un arma biológica de alguna farmaceútica como Bayer, pero no tuvo tiempo de comprobarlo. La vida era muy corta y había que centralizar las luchas.
- Te llamaba, Kancerbero, porque esta noche hacemos una fiesta en honor a Hanna, que ha recibido el galardón de forera del año. Y la verdad es que nos gustaría que estuvieses allí, hace mucho que no sabemos de ti.

Un coche de policía llegó y se detuvo junto los trabajadores. Ahora comenzaba lo bueno. Kancerbero observó las luces de color azul y rojo parpadear y se preguntó si podría hacer puntería desde allí para romperlas.
- ¿Kancerbero? ¿estás ahí?
El hombre greñudo regresó a la conversación.
- Pues... me gustaría veros y contaros un montón de cosas. Mi vida ha dado un vuelco formidable, pero estoy un pelín atareado ahora mismo.
- Es a las ocho, Kancerbero, aún tienes tres horas. Será una fiesta espléndida.
Los policías hablaban con los operarios y de vez en cuando le miraban. Uno de ellos cogió la radio para pedir refuerzos, el hombre greñudo, que ya lo sabía, supo que llegaba la hora de terminar con aquello y volver al edificio abandonado que había convertido en su hogar.
- Está bien. Allí estaré –dijo antes de colgar. Después, agarró el resto de las cajas que le quedaban y las dejó caer causando un gran estrépito. Los policías en primer lugar se apartaron, y después uno de ellos, el nerviosito, comenzó a disparar. El hombre greñudo saltó por la azotea, bajó por la parte trasera de la fábrica y cayendo sobre su vespino como si del mejor corcel se tratara se alejó a toda prisa. En apenas unos segundos se darían cuenta de que se había marchado pero entonces ya sería demasiado tarde.

Ahora iría a casa, se limpiaría un poco en la fuente del parque, y antes de ir a la fiesta cogería varios de sus folletos explicativos. En aquella fiesta habría mucha gente a la que enseñar, a la que introducir en el movimiento, y ahora más que nunca necesitaba compañía. Todos los que habían comenzado con él le habían dejado sólo, y el enemigo era demasiado grande. De paso también cogería algunas de sus armas, pues en una fiesta siempre había muchas bombillas, y si alguna vez había querido a los mondofriqueños este era el momento de demostrárselo. Tenía que librarles del mal. En este mundo loco la gente estaba tan iluminada que no se daba cuenta que era en la oscuridad donde se hallaba la verdadera salvación.
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Hanna el Mar Ene 28, 2014 5:12 pm

Después de mucha negociación familiar, Kiruna por fin consiguió verse liberada de sus obligaciones maternales y tener carta blanca para asistir al fiestón que se preparaba en casa Mondofriki. Tan desacostumbrada debido a sus obligaciones a este tipo de eventos, hizo el esfuerzo incluso de ir a la peluquería y maquillarse...e incluso, en un arrebato de osadía se puso tacones. Sabía de la segura asistencia de Isthar y quería miniminar el casi metro ochenta que gastaba la jodía. Claro que eso también implicaba elegir un vestido (sí, aunque no lo creáis había desestimado los vaqueros) de generoso escote que no desmereciese al lado del de Caliope...aunque sabía de antemano que era una cuestión harto difícil.

Otra cosa que la inquietaba era el no saber si Vev asistiría....últimamente apenas se habían visto y aparte de echarla de menos le gustaría, entre cóctel y cóctel, ir pergueñando los actos a los que acudir el ya próximo 8 de marzo, Día de la Mujer, ya que siempre suelen ir juntas a las movilizaciones y reuniones de determinadas asociaciones feministas con las que colaboran. Al fin y la cabo, la fiesta duraría toda la noche y habría tiempo para todo...al menos antes de que el alcohol nublase los sentidos y los pies se hubiesen apeado de los tacones después de sucumbir al clamor de sus talones y tobillos para desembarazarse de ellos. Sobre todo después de tener la panza bien llena con los manjares del cátering, elegido minuciosamente por Jose y con la repostería a cargo de Cosso. Se temía que el posterior proceso de desintoxicación iba a ocuparle varios días...pero París bien valía una misa. Laica, por supuesto.

Le hacía especial ilusión tomarse una copa con el apacible Txabi...ese hombre sin estridencias que sin embargo, en las distancias cortas, es siempre una caja de sorpresas...un inacabable festival de fuegos artificiales cuando la charla se hace intensa y las opiniones surgen espontáneas y directas. Una vez, en circunstancias parecidas, incluso fue capaz de confesarle que había terminado por aficionarse al fútbol y meditaba hacerse árbitro o contratar Canal Plus Liga. Kiruna se reía para sus adentros imaginando a Ñiñi presente en esas confesiones....le veía capaz de grabarle y colgar tantas veces luego el vídeo que haría a Groucho morirse de envidia!.

El lugar de la fiesta ya se divisaba a través del parabrisas del coche y empezó a adivinar rostros conocidos...lo que de lejos le pareció una tarta fondant por el color, resultó ser Bareto con su camiseta XXL del Celta...nada que ver con el atildado caballero de pelo perfectamente cortado y media sonrisa irónica. No, no era Harvey Keitel sino Tranchete, esperando a la homenajeada para que hiciese una entrada triunfal en la fiesta de su brazo. Bajo el otro, una botella de cava para hacer los honores. Cuando Kiruna se apeó del coche y fue acercándose, se sorprendió de no escuchar música, condimento imprescindible de toda fiesta que presuma de tal...cada vez más estupefacta, fue reconociendo los sonidos que escuchaba...nada menos que la voz de Diego recitando pasajes de Ana Karenina!. Y no sólo eso, sino que su atuendo iba en consonancia y lucía fantástico con una impoluta camisa blanca y casaca con charreteras y botones dorados, amén de su pelo engominado y recogido en una minúscula coleta. Sin perderse ripio de su recital, sin espada ni títulos pero copazo de vodka en mano, Jahiime se sacudía la melena pensando dónde se habría metido Caliope, a la que guardaba sitio aunque luego como siempre ella se sentaría donde le diese la gana. Menuda es.

A punto todo ya de empezar, con todo el mundo ocupando sus localidades, Kiruna pensó que aquella iba a ser la fiesta menos convencional a la que había asistido nunca. Y eso prometía!.
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  tranchete el Mar Ene 28, 2014 5:38 pm

"Oh, my God. Where am I?"

- No, no, espera. No es así.

"Oh, mein Gott. Wo bin ich?"

- ¡Joder, que no! ¡Céntrate! ¡¡CENTRATE!!

"Oh, mio Dio. Dove sono?"

- Me cago en la puta. Ya es que ni siquiera sé qué idioma usar.


Finalmente ocurrió. Tanto viaje en sus piernas, tanto idioma en su cabeza, tantos países en sus recuerdos... Al final llegó el día en que no sabía dónde coño estaba. Miró a su alrededor tratando de ubicarse. El cuarto, una especie de zulo con apenas un camastro y un ventanuco, no le proporcionaba demasiadas pistas al respecto. Vestido únicamente con los calzoncillos, localizó su ropa en el suelo, junto a la cama. Extrajo su cartera. Al parecer, hoy le tocaba ser Michelle Elliano. Al menos eso ponía en el documento de identificación que extrajo del bolsillo interior de la pequeña cartera de cuero. Así pues, debía estar en Italia.

Poco a poco fue recordando. Su llegada hacía ya varios meses. Las interminables jornadas estudiando a su objetivo, familiarizándose con él y sus costumbres. La preparación exahustiva del fin último de su misión. Y hoy, por fin, todo eso se acabaría. Hacía ya mucho tiempo que este hecho no le proporcionaba ningún sentimiento. Demasiadas misiones cumplidas. Demasiados objetivos eliminados. Lo que al principio era un trabajo emocionante y lleno de aventuras había acabado convirtiéndose en una sucesión de tareas monótonas con las que rellenar los días. Jamás pensó que eso le pasaría. No a él. No en su trabajo. Podía haber elegido trabajar de cualquier cosa: como representante de una multinacional, de recepcionista de un hotel, de traductor,... Su facilidad para los idiomas y su afán por viajar eran idóneos para múltiples trabajos. Y aún así, cuando el Mosad le contactó para reclutarle no lo dudó ni un segundo.

Ahora, mientras se vestía y recogía su maletín, recordaba con nostalgia aquellos primeros días como agente. Cuando cada viaje era una aventura. Cómo le gustaba viajar por todo el mundo, aprendiendo nuevos idiomas y nuevas costumbres. Siempre viajaba acompañado de algún agente más veterano que le iba enseñando todo eso, además de cuanto había que saber sobre su trabajo. Ahora era él ese agente veterano. Y ahora comprendía la mirada vacía e inexpresiva que tenían entonces sus compañeros, en contraste con su propia mirada brillante y risueña.

Posiblemente este sería su último trabajo. Llevaba tiempo dándole vueltas al asunto. Y la reciente muerte de su joven compañero, Jacinto Weber, había supuesto el impulso final que necesitaba para tomar la decisión. Aún así, primero debía acabar la misión. Por él, por su profesionalidad y por mantener su porcentaje de éxito impecable en cada misión. Pero también por su compañero. Sí, también por él. El objetivo debía morir. Ya no era sólo trabajo. Ahora era personal. Ese agente, Martínes, pagaría por todo. Su muerte supondría el final de todo. Se iría sin dejar ningún cabo suelto y ningún tema pendiente.

Mientras abría el maletín y empezaba a ensamblar su rifle, pieza a pieza, con el mismo cariño con que lo hacía siempre, su rostro se ensombreció. Todo terminaría en un rato, sí. Pero, ¿después qué? ¿A dónde iría? ¿Qué haría? Su hogar, su familia, sus amigos, su pasado... Todo aquello había desaparecido. Ya apenas recordaba quién era realmente, así que no tenía a dónde volver. Salvo quizás... ¡Sí, eso era! Aún tenía un lugar. Un sitio donde volver. Un mundo donde su identidad aún permanecía intacta. La única identidad que había creado él mismo, sin que le fuera impuesta. La única que había permanecido inalterable durante años. Hacía tiempo que no iba por allí, pero seguramente podría regresar sin problemas: Mondofriki. O, como decía aquél pijo rojillo de escasa melena y estilismo más que cuestinable: Mordorfriki.

Miró el reloj y vio que aún le quedaban unos minutos. No necesitó usar buscador: conocía la url de memoria. Su mirada, al igual que todo su rostro, se fue iluminando a medida que introducía su nick en la página de log in: M-c-P-l-a-c-i.

Bienvenido de nuevo, McPlaci

¡Dios, cuánto había echado de menos aquellas palabras! Cuántos recuerdos vinieron de pronto a su mente. Entre ellos, el motivo de su marcha. Alguien, no lograba recordar quién, afirmaba de broma que su profesión debía de ser agente secreto del Mosad. ¡Cómo le impactó aquel post! Es cierto que Mordofriki es un lugar cerrado, donde no hay cabida para los nuevos. Un lugar donde nadie entra y apenas nadie sale, más allá de algún que otro vaneo aislado y dictatorial, con el único propósito de hinchar el ego de un endiosado moderador. Vaneos que, por otro lado, acaban siendo revocados con el tiempo (HH, ¡¡qué personaje tan extraño aquel!!). A pesar de eso, no podía permitir que una frase inocente en un foro desértico y endogámico navegara por los océanos de datos que constituyen internet, relacionando sus dos alter egos. Así pues, hubo de retirarse. No obstante, consideraba que ya había transcurrido tiempo suficiente como para que aquella broma acabara en el olvido de la Papelera.

Una vez dentro, no le sorprendió comprobar que seguían los mismos de siempre. Incluso Kiruna. Kiruna... Aquel nick le intrigaba. Era, sin duda, el único forero que no sólo había permanecido en el foro más allá de las presentaciones, sino que iba cobrando protagonismo poco a poco. El hecho de que no huyera a las primeras de cambio, como hacían todos los novatos, era muy extraño. Y su instinto le había enseñado a desconfiar de lo que era extraño. Nada ocurre porque sí. Todo tiene un sentido. Y aún estaba estudiando a Kiruna para descifrar cuál era el suyo. Esperaba de corazón que no estuviera relacionado con él. No podría soportar que le arrebataran aquél mundo. Su mundo. El único lugar en el que podía evadirse. No, desde luego que no podía permitirlo. Si era necesario, tendría que banear a Kiruna. No era moderador, pero no le hacía falta. Conocía múltiples formas que banear a la gente. Era su oficio, lo que mejor se le daba.

El momento se acercaba. Tenía que desconectar y centrarse en su trabajo. Pero, cuando se disponía a hacerlo, reparó en un post: "Festival de votaciones 2013". Soltó su primera carcajada en mucho tiempo. Así que lo habían hecho. Alguien había tomado su relevo y lo había organizado. Echó un vistazo rápido a los resultados. Más adelante revisaría los votos de cada forero y disfrutaría con los comentarios de todos ellos. Vio la ganadora: Hanna. Sin duda se lo merecía. Al no estar él, no se le ocurría nadie mejor para ostentar el título de forero del año. Vio también que la entrega de premios se realizaría ese mismo día. En apenas unas horas, según su reloj. Perfecto. Usaría por última vez uno de los privilegios que le otorgaba su profesión y conseguiría llegar a tiempo. Por nada del mundo se perdería aquello. La fiesta de forero del año sería también la fiesta de bienvenida a su nueva vida. Pero antes tenía algo que hacer. Sonriendo, casi riendo, acarició por última vez el gatillo de su rifle y tiró de él suavemente.


Última edición por tranchete el Jue Ene 30, 2014 12:32 pm, editado 1 vez
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Kiruna el Miér Ene 29, 2014 2:51 pm

- ¡Quinitoooo la comida ya está casi lista!

"Mierda mamá"
A una velocidad que facilmente podría atravesar la barrera del sonido Juanjo volvió a meter la polla en sus calzoncillos, subió la cremallera de los pantalones y aún tuvo tiempo de hacer de apagar la pantalla y coger un libro para fingir que estaba leyendo . Soltó el aire y esperó a que su madre abriera la puerta. Pero no lo hizo. Simplemente tocó con los nudillos añadiendo un "No tardessss" y pasó de largo. Juanjo escuchó como sus pantunflas se alejaban por el pasillo, y sólo cuando estuvo bien seguro de que había entrado en el baño volvió a encender la pantalla. La veterana Nina Hartley apareció en todo su esplendor, a cuatro patas, sacando la lengua y esperando como una gata en celo a que alguien (por ejemplo él) llenase todas sus oquedades.

Juanjo volvió a sacarse la polla y la meneó. Nina Hartley era la actriz porno más madura de cuantas había. Siempre le habían gustado las mujeres mayores, muy mayores, y mientras esperaba a que la excitación regresara fantaseó con la idea de entrar en un geriátrico lleno de viejas pornos star solitarias y aburridas. Por un momento, mientras imaginaba lo que sería una mamada sin dientes notó como la polla se hinchaba de nuevo. Pero entonces la puerta del baño se abrió y Juanjo tuvo que volver a esconderlo todo. Molesto y frustrado pensó que su miembro parecía un arma de destrucción masiva.
Arrojó a la estantería el libro que fingía haber estado leyendo "El principito" y antes de cerrar la ventana de Nina le dio un beso en los labios.
- Hasta mañana, bonita –dijo.
Y mientras clicaba en la x roja pensó que ella era como una Julieta moderna y el un Romeo; enamorados los dos pero enfrascados en una relación imposible e incomprensible. En una sociedad capitalista, liberal, democratafascista los hombres jamás perdonarían que alguien estuviese enamorado, realmente, de una imagen de pantalla, y que quisiera formar una vida con ella. Aquello siempre tendría que llevarlo en secreto.

De pronto sonó el timbre que avisaba que un nuevo email había llegado. En la pantalla decenas de pequeñas salas de conversación estaban abiertas, chats en los que Juanjo participaba diariamente entrando en discusiones y conversaciones interminables sobre política, sexo, filosofía o religión. Ahora mismo tenía a un tal Freakfurious llenando su sala de exclamaciones esperando la respuesta a una pregunta que al parecer le importaba mucho "¿Qué preferirías quedarte parapléjico o chupársela a tu padre?" A Juanjo le parecía una gran pregunta, pero todavía no había tenido tiempo de pensarla. Además, él no tenía una buena relación con su padre, y necesitaba antes analizar si para dicha prueba  era necesario el consentimiento del otro o se trataba de una violación. La respuesta podía variar mucho la solución.

Abrió el correo. Lo que había llegado no era más que otro spam, de Mondofriki, y no enviado a él directamente sino a una lista de correo de la que era parte. Por lo general solía tirarlos todos sin abrirlos porque la mayoría no eran más que videos de Groucho o extrañas noticias de Bareto´s Punk, aunque alguna vez había dado con alguna joyita, como aquel estupendo canal de vídeos de humor de Waldo Bacano del que se había hecho fan. Pero este parecía más interesante, el asunto era "Fiestorro anual de Mondofriki, 2014". Abrió el correo y leyó.

Tras la celebración del festival de votaciones Hanna (la gallega obsesionada con "La carretera"?) había sido coronada como forera del año, y por lo tanto se convocaba a todos los foreros a una fiesta de celebración en casa Mondofriki El correo aseguraba que sería una fiesta larga y que aquel año harían historia.

Juanjo se echó hacia atrás en la silla, se encendió un cigarro y releyó de nuevo el email ¿debería ir? Miró hacia su mesilla, y entre un cenicero lleno de colillas, dos tebeos de zipi y zape, unos calzoncillos sucios, un vaso de agua mohoso, una imagen del Ché y otra de Hitler, había un marco con una fotografía de un joven oriental moreno y extremadamente guapo: Cosso. Su otro gran amor. Había perdido el culo por aquel tipo, durante meses le había ido siguiendo por todos los temas de Mondofriki como un joven novio jugando a la gallinita ciega. Manteniendo debates interminables e interesantes que en realidad escondían un baúl sentimientos desbocados. Todo el foro había sido el escenario de su amor, revolcándose como dos adolescentes en cada tema en el que se encontraban... pero entonces llegó el golpe. Txabi. Aquel engreído administraducho que les iba poniendo cotos, reduciendo sus aportaciones a simples trolleos. Impidiéndole, cada vez que lo intentaba, acercarse a su amado Cosso.

Txabi. ¿Cuántas veces había fantaseado con ahogar a aquel tipo en una bañera llena de su orina? ¿y si esta era la oportunidad que se le presentaba? quizás así podría recuperar a Cosso, declararle su amor y quien sabe si entre los dos podrían gobernar el foro y permitir que florecieran en él todo tipo de debates sobre la estructuración de la sociedad, la importancia de la filosofía en marco capitalista de las democracias del mundo y, por supuesto, su tema favorito, como conseguir que el liberalismo aporte influjos pseudodemocraticos a las fronteras de los países sometidos a un fascismo.

Animado rebuscó entre los bolsillos de sus baqueros y sacó su cartera. Extrajo de ella una docena de carnés de diferentes asociaciones y los esparramó sobre la mesa con la habilidad del jugador de cartas. Había de todo tipo "Asociación de Comunistas del barrio de Malasaña" "Horda anti-comunista del barrio de tetuán" "Juventudes Anarquistas" "Nueva generación" "Miembro del club del Real Madrid" "Miembro del club del Barsa" "Socio honario del club Cola-Cao" "Socio honorario del club Nesqik". Continuó mirando entre los pliegues y finalmente la tiró sobre la mesa.

Nada, ni un mísero euro. Tendría que volver a ofrecerse para comprar el pan y sisar algo de las vueltas.

Con un poco de suerte en aquella celebración también se encontraría con Electro-slaughter, o Kancerbero como le conocían por allí. Aún le debía pasta el muy mamón. Se había unido a su causa unos meses atrás y le había dejado 50 pavos para que se comprase un bate de beisbol con que romper todas las luces de navidad. Pero finalmente habían terminado mal y Kancerbero le había expulsado del grupo. Una lástima. Porque Juanjo estaba de verdad entregado a la causa. Le exigiría su dinero. Y con él ya compraría algo con lo que terminar con Txabi. Improvisaría. Se le daba fenomenal improvisar.

De nuevo feliz, animado y excitado Juanjo salió de la habitación. Le había dado un hambre atroz.


Última edición por Kiruna el Jue Ene 30, 2014 12:59 pm, editado 1 vez
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Txabi el Miér Ene 29, 2014 4:07 pm

Vev se sentía frustrada. Después de varios meses infiltrada en el culo del mundo, en aquella cantina de un pueblacho de Siberia, después de incontables sufrimientos (sabañones y meses sin poder descargarse vídeos de Breaking Bad), Nadezhda y María habían sido liberadas. Todo su esfuerzo en vano. Cierto que había conocido a mujeres que en su liberación, habían roto todo tipo de tabús sexistas. Las mujeres siberianas no se depilaban. Algunas se recogían las melenas del toto antes de hacer pis. Se repartían las tareas del hogar con sus esposas en perfecta igualdad. Si no fuese por el frío, la dieta de gachas de cartón y que las compañeras feministas del Komintern se peleaban por bañarse con ella, sería el paraíso. Y ahora qué, se preguntaba mientras se acariciaba el gato...lo primero sería depilarselo, estaba segura de haber perdido dos o tres tampax por allí dentro. ¿Y luego? ¿Cómo había ido a parar allí? Ella era mas o menos feliz en Madrid, o todo lo feliz que se puede ser en una ciudad sin mar, sin olimpiadas...defendiendo la igualdad de las mujeres en las redes sociales, en la comodidad de casa...las redes sociales...aquel foro...casi había conseguido olvidarlo...las burlas crueles de los machos, que le llamasen feminazi una y otra vez, que la retasen a la lucha armada...y la culpa era de aquel moderador sexista...si, ya tenía un nuevo objetivo a la vista...matar a Txabi...

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Txabi el Miér Ene 29, 2014 8:03 pm

Se hacía tarde. Ishtar volvió a mirarse al espejo. Ser la mas guapa y radiante de la fiesta no era tarea fácil. Pero se lo debía a sus fans. Miró su sonrisa perfecta, esos dientes blancos, nacarados...los sacó del baso y se los introdujo en la boca. Luego el escote, los pechos de esta vez serían una noventa, sensuales, sexys pero elegantes, eso era indiscutible. pero no sabía que hacer con los pezones, dudaba entre unos grandes, tipo Oreo, de matrona feliz, o llevar unos pequeños y puntiagudos, un poco de pilingui...al final se decidió por estos últimos, total, era una fiesta, y, aunque el único tío con ganas de rollo era Diego, y este solo tenía manos para Irene, siempre había pensado que lo fundamental es la preparación. Miró la faja, la untó bien de desodorante, le provocaba calor y no quería atufar. Era de corpiño alto, ideal para bailar la muñeira. Había asistido a unas clases en el centro regional gallego del barrio. Mahmud, el maestro de baile era un tipo muy simpático que olía a comino. Dudó en si llevarlo a la fiesta...algo tendrían que comer...

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  tranchete el Jue Ene 30, 2014 1:43 am

Jahiime estaba desesperado. Se hacía tarde. La fiesta empezaba en apenas unas horas y él aún no sabía cómo iba a llegar hasta la casa. Lo había probado todo: tren, autobús, avión,... Hasta barco. Pero nada. No había forma. Es lo malo que tiene vivir en el culo, no ya de España, sino del mundo. Aquí no hay infraestructuras ni comunicaciones. De hecho, aquí no hay de nada. Alguna carretera, aunque llena de parches y agujeros, y con el único propósito de que los centralistas opresores mandaran una vez al año oleadas de camiones a recoger los jamones de la matanza del año anterior. Y luego se quejan los putos catalufos. Ellos sí que pagaban impuestos sin recibir nada a cambio, no como esos ricachones llorones y separatistas.

Podría haber ido en coche, claro, pero eso es de pijos. Los tipos como él no tenían coche. Usaban siempre el transporte público. Y ese transporte público no le permitía salir del rincón del olvido que era su localidad. También podría ir en taxi. Pero si el coche era de pijos, lo del taxi era aún mucho peor: era de ñiñis. ¡Y por su frondosa mata de pelo que él no iba a ser un ñiñi! Así que lo mejor sería que no fuera. Total, a nadie le iba a importar. Seguro que nadie le echaba de menos. Bueno, nadie menos Cali.

Cali, su Cali... Eso es, ella seguro que le llevaría. Descolgó el teléfono de la mesilla y marcó los números que se sabía de memoria. Uno a uno. Ensimismándose al observar cómo la ruedecita volvía siempre al 0 tras cada marcación con un ronroneo hipnotizador. Después de unos segundos escuchó su voz.

[-]Hola, Cali... ¿Puedes pasar a buscarme para la fiesta de mondofriki?... ¡Genial! En cuanto lleguemos te invito a un Catisark... ¿Tú cómo vas? ¿A qué hora podrías pasar a por mí?...  ¿Sabes algo del Akrata?... El mismo. ¿Sabes si viene?...¡No jodas! ¿Una concentración de las suyas?... Ya verás como se le olvida lo de la fiesta... Bueno, wapa, te dejo que termines de arreglarte. ¿Te pasas por mí a las siete?... Chao.

El tiempo hasta las siete se le hizo eterno. Llamó a Bareto para matar el rato. Apenas pudo hablar porque su amigo se pasó todo el rato despotricando sobre no sé qué parche de una camiseta del Celta. ¡Del Celta! Nada menos. ¿Qué cojones hacía Bareto con una camiseta del Celta? Mientras escuchaba una vez más la historia de cómo iba a cagarse en todo (este Bareto, siempre tan obsesionado con los temas escatológicos), su mente fue hasta Galicia. Sus camaradas lusófonos. De allí era Hanna, la ganadora. Era una gran forera. Activa, mordaz, sexy... Sin duda se merecía el premio como la que más. Aunque él personalmente se lo habría dado a Cali.

Miró el reloj y vio que ya casi era la hora. Se acercaban las siete. Pensó en colgar a Bareto, pero le dio pena cortarle a mitad de historia y se limitó a dejar el auricular en la mesilla. Es lo que haría un buen colega: dejar que su amigo se desahogase. Y él era un gran colega de sus colegas. El mejor colega. Sí, sin duda lo era.

Bajó precipitadamente las escaleras. Hacía poco que por fin había llegado la electricidad a su localidad y les habían instalado un ascensor, pero a él le gustaban más las escaleras. Para él, no usar esos modernismos era un acto de rebeldía, de oposición al poder. En este caso, según le había explicado Kancerbero, al poder de las hidroeléctricas. O, como le gustaba llamarlas, hidroelectricacas.

Llegó a la calle y empezó a otear el horizonte. Aún nada. Miró el reloj. "Por Dios, que no llegue tarde."..."¿Habrá conseguido Bareto que le cambien la camiseta?"

De repente un ruido le sacó de sus pensamientos. Era un ruido lejano, aunque parecía la bocina de un coche. Dirigió la mirada hacia el lugar de donde venía. Lo que vio le dejó perplejo. El vehículo que se acercaba tenía forma esférica, como las copas de balón que se usan para preparar los gintonics. Y estaba pintado en diversos tonos caqui, como de camuflaje. Y, si no fuera porque no tenía sentido que aquello estuviera allí, juraría que la protuberancia de la parte superior era una mira telescópica. Intentó adivinar de quién se trataba, pero aún estaba demasiado lejos. Y las redes de cintas negras con hojas entretejidas que cubrían los cristales le impedían ver el interior.

En ese instante se abrió la ventana del conductor. Por ella salieron dos cosas. La primera, una mano que le saludaba efusivamente. La segunda, una música estridente que se sobreponía a los bocinazos que seguía dando el conductor. Antes de que la sangre que manaba de sus tímpanos rotos le impidiera seguir escuchándola, la identificó: sin duda era la cabalgata de las valkirias. Sin saber por qué, su nariz y su garganta se llenaron de un intenso aroma a napalm.

El coche seguía acercándose. En su interior se veía una forma, aunque aún no era distinguible el conductor. Lo que sí consiguió ver con claridad fue una cosa: un par de tetas. ¡Y qué tetas! Tenía que ser Cali. ¿Quién si no? Así que intentó ponerse guapo. Se alisó el pelo. Quería recogérselo en una coleta, pero descubrió que no tenía ninguna goma. Es igual. Una de las ventajas de su ex trabajo de mierda era que te permitía acumular bajo las uñas grasa suficiente como para poder engominarte el pelo durante el resto de tu vida. Y eso hizo. Se fijó el pelo al cráneo y lo apelmazó en una larga coleta. Perfecto. Mejor incluso que con la gomina del Bisbal ese. Otro pijo de mierda... A continuación se alisó la camisa. Al hacerlo recordó que no se la había cambiado antes de salir. Es igual. Podía decirle a Cali que esas manchas eran de camuflaje, como las de su coche. Finalmente llegó a los pantalones. Tenía que comprobar que no se le hubiera olvidado subirse la bragueta. Era tan bochornoso cuando eso le ocurría... Y le ocurría tan a menudo...

Comenzó a deslizar la mano por sus pantalones y se detuvo al contemplar que tenía una erección. Estaba claro que su polla había identificado a Cali antes que él. Y, como siempre que le pasaba cuando pensaba en Cali, se había empalmado brutalmente y pedía caricias. Pero, a diferencia de lo que hacía en esos casos, en esta ocasión decidió no tocarse. Si tenía suerte, ya lo haría la propia Cali en unos instantes. Dejó que su imaginación se llenara con esas fantasías mientras el coche llegaba junto a él y Cali le saludaba desde el interior.

[-] ¡¡Hola wapo!!

Diosssss. ¡¡Qué buena estaba!! Y desde ese ángulo la visión de sus tetas, al descubierto casi por completo gracias al generoso escote de su vestido de firma, era impresionante. Se quedó embobado sin saber qué decir ni qué hacer. Hasta que notó cómo su bragueta aparecía ante sus ojos. La erección era descomunal. Y la bragueta, efectivamente, estaba abierta. Apartó aquella tienda de campaña de su vista para contemplar a Cali ruborizado.

[-] Jipi, ¿qué te pasa que no contestas? He dicho "hola"
[-] Fmblh
[-] ¿Fmblh? ¿Qué es eso?
[-] Fmblhhhh
[-] Ya veo. Bueno, qué. ¿Quieres montar o no?
[-] ¡¡¡Fmblhhhh!!!

"Montar. Ha dicho que si quiero montar..." Bueno, al menos la erección ya no era un problema. Y seguro que cuando los pantalones se secasen podría usar la misma excusa del camuflaje para justificar también esa mancha. Así que rodeó el coche y montó. ¡Sí, montó! ¡Estaba montando con Cali! Ella arrancó y puso rumbo a la fiesta. Él no sabía qué hacer ni qué decir. Afortunadamente, ella rompió el hielo. Como hacía siempre. Con la misma frase de siempre.

[-] Jipi, wapo

A lo que él también contestó como siempre, ahora ya más relajado y por fin recuperada el habla.

[-] Tú sí que eres wapa

Ella sonrió antes de proseguir.

[-] Jipi, wapo
[-] Tú sí que eres wapa
[-] Jipi, wapo
...

Dios, cómo disfrutaban los dos con esas conversaciones...
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Kiruna el Jue Ene 30, 2014 1:02 pm

Tranchete era un hombre feliz. O al menos todo lo feliz que se puede ser en una sociedad que no respeta la humanidad de cada uno y pretende que nos convirtamos en máquinas; poco más que batidoras de segunda mano. Pero aunque Tranchete era consciente de esto- pues su felicidad no le causaba ceguera- se seguía sabiendo sobradamente feliz.
Tenía un matrimonio feliz
Un hogar en el que se respiraba felicidad.
Dos hijos que le aportaban dicha y orgullo.
Y un trabajo que si bien no era con lo que habría soñado le conseguía realizar lo suficiente para levantarse cada día con una sonrisa.

Y aquella mañana, dos de febrero de 2014, se había despertado especialmente contento. Había apagado el despertador apenas este había empezado a sonar y había ido hasta la ducha silbando, e incluso se había atrevido a dar un par de pasos de baile. Era el día de la celebración anual de Mondofriki, cuando por fin se reconocería el esfuerzo de Hanna por mantener el foro vivo. Y si había algo que le gustaba de verdad a Tranchete era que se reconociese el esfuerzo de los demás; especialmente cuando eran amigos suyos. Así que desde el incinio había esperado una velada divertida, rodeado de caras conocidas, con buenas conversaciones y quien sabe si incluso una borrachera que recordar entre risas durante las siguientes dos semanas. Si no vomitaba al menos tres veces antes de las cinco de la mañana entonces aquello no sería una fiesta sino un cumpleaños.

Y ahora, mientras esperaba sonriente en la entrada de la fiesta a que Hanna llegara y le tomara del brazo, pensó que era curioso como a veces la vida teje su propia telaraña uniendo, sin saber muy bien porqué, a personas de distinta índole e incluso distintos mundos, a través de un hilo tan aparentemente arbitrario como sin duda indestructible. A veces la vida parecía tener sus propias intenciones, y aunque Tranchete nunca las entendiera del todo le gustaba dejarse llevar, hasta el momento casi podía afirmar que ésta siempre le había proporcionado una grata travesía.

Cuando por fin Hanna apareció y bajó del coche lucía impresionante, como siempre. Para entonces los exteriores de la fiesta ya eran una amalgama de risas, conversaciones, humo de tabaco y alguna que otra palabrota dicha en tono de saludo. Tranchete ya había sonreído a todos, abrazado a la mayoría e incluso se había atrevido a soltar algún "¡cabronazo! cargado de alegría.

- Estás radiante hoy –fue lo primero que le dijo antes de besarla suavemente en la mejilla.
- Gracias - respondió ella.
Tranchete le ofreció su brazo y Hanna lo tomó con delicadeza. Se levantó los bajos del vestido y echaron a andar hacia la puerta.
- Se te ve feliz, Hanna -apuntó Tranchete.
Hanna le miró y le mostró una sonrisa a medias, que se debatía entre el cinismo y la melancolía.
- Sí. Pero es una lástima, amigo Tranchete, que en realidad la felicidad no sólo dependa de nosotros mismos.

Y mientras Tranchete continuaba andando masticando aquellas palabras, observó aunque sin realmente percatarse de ello, la extraña y casi amenazante mirada que Friedichotis mostraba a cada uno de los invitados cada vez que les abría la puerta.




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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Caliope el Jue Ene 30, 2014 1:05 pm

Ñiñi se miró al espejo con ojo crítico. Era cierto, oh debacle mundial. Su maravilloso pelo empezaba a escasear y ralear, especialmente en las sienes. Suspiró y se dijo"vamos ombre, antes morir q admitirlo". Abrió el armarito y sacó una caja en la que se leía: Parches para el pelo. Dentro encontró unas bolsitas herméticas y un prospecto: "Con el paso de los años, nuestro pelo pierde fuerza y brillo. Pero no se preocupe. Aquí tiene los MARAVILLOSOS PARCHES DE PELO DOCTOR PILOSUS. Si tiene una fiesta, algun compromiso especial o simplemente es usted coqueto y se preocupa por su aspecto, no dude en usar nuestros PARCHES. Su pelo recuperará su aspecto juvenil, sedoso, brillante, y, lo más importante, frondoso. Verá como todos sus amigos le envidian y las mujeres se derriten a su paso. OJO: no usar si usted es alergico al pelo de gato. La empresa no se responsabiliza por heridas de gatas en celo"

Increíble, se dijo ñiñi. Que él, con lo que había sido, se viera reducido a usar estas cosas. Pero no le quedaba otra. Este año ni siquiera lo habían considerado como Cashocanne, y estaba harto de que fuera kancerbero el tío bueno oficial del foro. ¿Es que estaban todas ciegas o qué? ¿Como iba a gustarles kancerbero con su pinta de antisistema, su palestina y sus bolsillos siempre repletos de panfletos contra las eléctricas?. Pero se acabó. Hoy iban todas a caer rendidas ante él. Y entonces miraría a kancerbero con desprecio y le diría...

-Cariiiiiiiñooooo!!!!

Ñiñi se encogió automaticamente. Su reina había usado ese tono especial de voz que quería decir: "o vienes ya o te corto tus 18 cms rodajita a rodajita" Así que se aplicó un parche en cada sien rapidamente y salió raudo hacia el salón.

- Si, querida?
- Qué haces tanto rato metido en el baño?
- Nada, solo me estaba lavando los dientes y preparando la bolsa de aseo. ¿Recuerdas que te dije que pasaría este finde con mi madre?

"Que lo recuerde, que lo recuerde" suplicó mentalmente ñiñi. No había problema en que su reina fuese a llamar a su madre, no se llevaban nada bien. Por suerte, ella cabeceó asintiendo y le hizo un gesto con la mano para que se fuera. Así que ñiñi volvió al pasillo, camino a su cuarto, deciciendo qué ropa se llevaría. No lo tenía nada claro, pero había algo que no pensaba dejar atrás: sus mocasines de colores. Les iba a dar una lección a esos jipiosos de Mondo Friki sobre lo que era estilo.

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Hanna el Jue Ene 30, 2014 6:32 pm

Sturmo por fin conectó el móvil después de varios días subiendo montañas a caballo de su bici, lejos del mundanal ruido y de cobertura telefónica. Al poco empezó a pitar y asomaron varios mensajes que incluian algunas imágenes, entre ellas una de Jose vestido de drag queen que debió colársele del último carnaval. Mirándola, pensó que era más difícil mantenerse sobre aquellas plataformas que escalar con su bici el Montmeló...se había imaginado a Jose muchas veces con las manos en la masa, pero su mente lo había interpretado de otra manera.

Finalmente, apareció en la pantalla un tarjetón que parecía como de boda, con sus ribetes dorados y su letra en cursiva. Pensó si le quedaba algún amigo sobrio aún soltero, pero que recordase, todos estaban ya alcoholizados, lo que significaba que ya habían pasado por el trance de la boda. Su sorpresa fue descubrir que se trataba de una fiesta con sus amigotes del foro, esos que no necesitaban casarse para convertirse en alcohólicos...y es que, ah...qué gente tan peculiar la mondofrikense!. Y por cierto que el encargado de las invitaciones debía ir ciego de garrafón por lo menos, porque vaya tarjetones más horteras...se moría de ganas de saber quién se había ocupado y, al mismo tiempo, se imaginaba a la finolis de la forera del año escupiendo su disgusto sobre ellas. Y sobre su autor, claro.

Sturmo mostró preocupación por el atuendo a llevar. Era un hombre de gustos deportivos, práctico y cómodo siempre...pero intuía que era una ocasión especial y merecía cierto esmero. Claro que también sería un puntazo llegar en mallas de ciclista...marcando músculo pectoral y, sobre todo, paquete...iba a enterarse ñiñi dónde quedaban sus 18 cms!. La sola imagen que pasó por su cabeza de todas las asistentes femeninas clavada en su cuerpo le provocó un escalofrío...y sí, una erección también. A pesar de su morenísima piel, alcanzaba a notarse el rubor que le subió por las mejillas...necesitaba urgentemente apartar de sí esa pasión y calor y pensó en leiretv, esa forera de nick frío como el acero que no pasó de incógnita para frustración de tranchete, que acabó obsesionado con su volátil aparición.

También pensó que quedaría mejor yendo acompañado...al fin y al cabo, era un chico joven y atractivo, si exceptuamos las incómodas marcas de las gafas que deja el sol....pero bueno, Isthar en su magnanimidad seguro que se prestaba a hacerle algún apaño con maquillaje. La mayoría de las otras foreras no creía ni que lo usasen a excepción de Cali, pero no quería verse en líos con Jahiime....que es de pueblo y vete a saber por donde tira si se ofende. Quería conservar su careto aunque fuese con marcas...pero del sol, no de una coz. Eso como se sabe ya no lo arregla el maquillaje, sino un cirujano. En estos pensamientos estaba cuando decidió que mejor acudía solo o en compañía de otro en vez de otra...qué tendría pensado hacer Txabi?. Era el acompañante perfecto: más mayor, más callado, menos deportista y más blancucho...quién sería el centro de atención cuando fredichotis les abriese la puerta y todas las miradas se clavasen en ellos?. Mierda...otra erección!.
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Jose el Jue Ene 30, 2014 10:44 pm

"Coño, me estoy haciendo mayor", pensó Akratamondo deteniendo la carrera al sentir una fuerte punzada en su costado, "o tengo un flato de la hostia o me han reventado el hígado con una pelota de goma". Jadeante por el esfuerzo y el dolor, observó impotente al antidisturbios que se alejaba calle arriba como alma que lleva el diablo y desistió de darle alcance. Apoyó la espalda en la pared y trató de respirar hondo y controlar esa especie de taladro que le hurgaba las entrañas. No lo consiguió. Apretó los dientes y los ojos conteniendo la respiración y poco a poco sintió aflojarse el nudo que le atenazaba por dentro. “Uf, menos mal, solo era un flato...”

Aliviado, tanto por este pensamiento como por el cese de sus hostilidades interiores, dejó escapar el aire, abrió los ojos y dirigió la mirada hacia el lugar por donde había perdido de vista a aquella rata. Entonces lo vio regresar, solo que traía de nuevo la equipación completa, que en este caso incluía el acompañamiento de otros ocho congéneres cuyos cascos no ocultaban (más bien al contrario) el incontestable y ferviente  deseo de hacerle picadillo.

Consultó la hora: iban a dar las seis de la tarde. “Mierda, si me entretengo con esta gente voy a llegar tarde”. Hizo bocina con las manos y les gritó con todas sus fuerzas:

- ¡Eeeeh...! ¡Ya vale por hoyyyy...! ¡Tengo que irmeeee!... ¡Nos vemos mañana en el desahucio de la calle San Selito de Blasspiii!... ¡Sed puntuales, cabroneeeessss!

Tras hacerles un par de cortes de manga y exhibir la longitud de su dedo corazón, se giró con la intención de poner tierra por medio, pero se chocó de narices con un muro de hormigón azul con doce cabezas y los números de identificación ocultos bajo cinta aislante, que le sonreían desde sendos pozos de halitosis, de los que algunos dejaban resbalar viscosidades repugnantes que quedaban prendidas en los barboquejos.

Casi todos tenían erecciones.

Akratamondo no.


Última edición por Jose el Vie Ene 31, 2014 7:22 pm, editado 2 veces (Razón : Pequeñas erratas)

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Jose el Vie Ene 31, 2014 12:28 pm

"Pero... pero... ¡Esto es un mojón, hostias!... John Travolta con peineta sevillana vestido de faralaes nunca resultaría tan hortera... Esta tía está loca si cree que voy a pasar por ahí", pensaba Mazinger mientras se rascaba su oronda cabeza rapada con una mano y sostenía en la otra la tarjeta que Isthar le había enviado para recordarle el programa de la fiesta y rogarle encarecidamente que procurara seguirlo. "Yo les voy a enseñar a hacer un programa de fiestas, maldita sea. Y si no les gusta, que no me hubieran nombrado maestro de ceremonias. Yo no lo pedí, por mucho que pudiera parecerlo cuando desenfundé el deuvedé de la tertulia en la que Garci discute contra sí mismo durante seis horas (y acaba dejándose convencer) y amenacé con usarlo indiscriminadamente"...

Metió la tarjeta en la licuadora y se puso a leer un tomate, hecho que le resultó gratamente inspirador. En estas andaba su... digamos... ¿pensamiento?, cuando el berrido de una voz vagamente familiar se abrió paso a duras penas a través del cerumen, percutió en el tímpano y le hizo levantar una ceja. "¡Eeeeh...! ¡Ya vale por hoyyyy...! ¡Tengo que irmeeee!... ¡Nos vemos mañana en el desahucio de la calle San Selito de Blasspiii!... ¡Sed puntuales, cabroneeeessss!".

Se acercó a la ventana movido por la curiosidad. Como vivía prácticamente a oscuras (para evitar que la luz diurna se reflejara en la pantalla de su televisor de doscientas y pico pulgadas con el que había cubierto toda una pared de su dormitorio y parte del pasillo), el súbito impacto de la luz solar, unido a los coletazos de las drojas del desayuno, provocaron en él una inesperada reacción bioquímica que le hizo sentirse como Chalton Jeston partiendo el mar por la mitad y proclamar a grito pelado:

- ¡Negligencia continua en un fáder incontrolado!... ¡Demasiados bucles tan imposibles como auténticos, ejercitando la psicodelia a la llamada de la luz ámbar, maquinando el pánico, la duda y lo irreversible empapado en lo cotidiano!... ¡Parabasis renqueantes en una eterna farsa fotocopiada!... ¡El mullido cobijo del leproso sobre su putrefacción!... Buscando espejismos. Desconfiando del aire. ¡Incluyendo los kuters en la dieta mediterránea mientras asaltamos tanatorios a robar balas en cráneos huecos...!

Sobrecogidos por la repentina epifanía de aquel ser indescriptible, cuya presencia verborreica colapsó momentáneamente todos los enlaces sinápticos en cincuenta metros a la redonda (y del que apenas acertaron a explicar más tarde que recordaba vagamente a Almodóvar cantando gran ganga gran ganga pero con gafapastas de culo de botella de champán y que gesticulaba y daba brincos como un poseso que predijera el advenimiento del apocalipsis o, peor aún, la reposición de Farmacia de Guardia), los boquiabiertos representantes del orden se vieron momentáneamente paralizados de puro espanto.

Sumamente satisfecho con el efecto causado, Mazinger se vino arriba:

- ¡Nunca juguéis con alguien que es capaz de crear una beretta con un cartón de vino!...

Y, sin dejar de proferir una interminable retahíla de exaltadas diatribas incendiarias, empezó a vaciar sobre ellos algunos anaqueles de su videoteca más bizarra. Cuando, ya dispuesto a todo, asomó exhibiendo las filmografías completas de Tom Cruise en una mano y de la familia Ozores en la otra, los policías huyeron despavoridos.

Se ve que las endorfinas debieron de contribuir a que el metabolismo de Mazinger se deshiciera de los restos psicotrópicos que anidaban en su organismo, de modo que pudo fijarse en el bulto amoratado y sanguinoliento que había quedado tendido en la acera. Pensó: "hostias, pero si se parece a Akrata", y bajó rápidamente a la calle. Lo encontró con peor aspecto que Brus Güilis el último día del rodaje de La Jungla Está Fatal.

- Coño, el Mazi... Menos mal. Si no es por ti, fijo que llego tarde a la fiesta...


Última edición por Jose el Mar Feb 04, 2014 10:08 pm, editado 1 vez

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  tranchete el Lun Feb 03, 2014 2:08 pm

"Qué nervios, por Dios, qué nervios"

Sabía que era absurdo estar nerviosa. Al fin y al cabo, ser elegida forera del año de un foro como Mondofriki no era nada especial. Con semejante fauna, bastaba con ser alguien mínimamente normal para destacar. Lo normal es arrasar en las votaciones si eres alguien como ella: sexy, mordaz, inteligente, segura de sí misma... Lo raro era que no le hubieran elegido en años anteriores. Seguramente la ausencia de kancerbero y Vev este año le había dado los votos como cashocanne que necesitaba para ganar de una vez por todas.

Aún así, estaba nerviosa. Esa noche iba a ser el centro de atención, así que lo había preparado todo a conciencia. Había ido a peinarse a la mejor peluquería del pueblo: la de Uxía, la pescadera, que cortaba el pelo en la trastienda. Se había agenciado un modelazo bien ceñido y con un escote generoso, que resaltaba sus recién recuperada figura y su abundante y de nuevo firme pecho. Tendría que devolverlo el lunes por la noche, antes de que la vecina se diera cuenta que se lo había birlado el lunes anterior durante los postres. El bolso y los zapatos no conjuntaban con el vestido todo lo bien que le hubiera gustado, pero la vecina decidió ir a cambiarse de ropa justo cuando estaba eligiéndolos y tuvo que coger unos al azar y salir precipitadamente de la habitación. Todo por culpa del torpe que le echó la copa encima.

Para relajarse, decidió releer su por enésima vez su libro de cabecera. Aún había unos pocos pasajes que no se sabía al pie de letra. Y tenía claro que su discurso de aquella noche iba a estar centrado en ese libro. Y debía seleccionar cuidadosamente los mejores fragmentos. ¡Se iba a enterar el Cosso ese de lo que era un discurso! De momento sólo había escrito la entradilla para su monólogo: ¿Te has leído "la carretera"?

Tan esimismada estaba en sus pensamientos que no se percató de que su hijo entraba en la habitación.

- Hola mamá. ¿Qué estás leyendo? ¿La guía cansa?
- Se dice "guía Campsa", hijo. Y no, no estoy leyendo eso.
- Ahhhh. Es que como vi que va de carreteras pensé que sería ese.
- No hijo. No lo es.

Hanna suspiró desalenteda.

- Aunque es del mismo autor. Por eso te habrás confundido.
- ¡Anda, entonces casi tenía yo razón!

Qué facil era hacerle feliz. Como a todos los jovenzuelos.

- Hijo, ¿no tienes que jugar un partido o algo? Así me dejas en paz un rato.
- No, mamá, que ya jugamos ayer sábado. Porque ayer fue sábado, ¿no? ¿O antes del domingo viene el viernes?
- No cariño, es verdad. Ayer fue sábado. Pero entonces vete a entrenar un poco.
- No puedo, mamá. Soy portero. Necesito alguien que me lance unos tiros. Si no, no puedo entrenar.
- Pues ponte delante de una pared, chutas bien fuerte y paras el rebote.
- ¡Hostia! ¡Qué buena idea! ¡Qué lista eres!
- Claro, hijo, claro. Anda, ve a entrenar a ver si llegas a ser portero del Madrí...

"...mientras aún siga jugando allí Ronaldo", pensó para sus adentros, "así me cuelo un día en los vestuarios mientras está él". Este pensamiento le provocó una erección.

- Vale, mamá. Cojo mi camiseta del Barça y salgo a entrenar.
- Eso, hijo. ¡Y no te olvides de respirar!

"¡Qué le vas a hacer! Es tu hijo después de todo". A veces le recordaba tanto a su padre...

Rápidamente terminó su discurso, se embutió en su flamante vestido y esperó la llegada del coche que Mondofriki había puesto a su disposición como forera del año para llevarla a la fiesta. Esperaba que no se perdiera, ya que su pueblo no salía ni en los mapas ni en los GPS. Se moría de ganas por verlos a todos.
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Hanna el Lun Feb 03, 2014 5:06 pm

Tranchete aún no sabía como se había metido en el lío de ser el acompañante de la anfitriona. Ya es casualidad que por una vez le eligiesen para algo y justo tuviese que ser de hombre florero...y además con una cuota de protagonismo que le haría sentir incómodo, pues él era más de ir a su rollo pasando desapercibido. Pero tampoco podía hacer un feo a una mujer que se le declaraba en cada post y que, como ganadora, tenía derecho a que sus sueños se cumpliesen al menos por una noche.

Aún se debatía sobre que traje ponerse...¿azul?, ¿gris?, ¿negro?. Realmente haría falta tanta etiqueta o bastaría un "informal pero arreglado"?. Finalmente se decidió por unos chinos negros y una camisa del mismo color, con una americana gris y sin corbata....después de todo era una reunión de amigos, no la toma de posesión de un alcalde. Lo que le llevó más tiempo fue el peinado...por primera vez casi en su vida tiró de gomina y se peinó hacia atrás como un pijo cualquiera; se había afeitado cuidadosamente y cuando se miró en el espejo casi no se reconoció: parecía haber rejuvenecido al menos cinco años y se gustaba en esa imagen más sofisticada de lo habitual. También pensó que necesitaba una copa y a punto estuvo de descorchar el champán que debia ser como los fuegos artificiales que anunciasen el inicio de la fiesta.

Intentó por todos los medios que ninguno de sus vecinos le viese salir de esa guisa, todo repeinado y con una botella bajo el brazo como si fuese el niño aquel del anuncio de Freixenet. O peor, no fuesen a pensar que le había tocado la lotería y le había faltado tiempo para convertirse en un nuevo y hortera rico!. Ya en el coche, hizo acopio de valor para las fotos y el tinglado inicial antes de las pertinentes cogorzas de toda fiesta que se precie. Casi sin percatarse, se vio desfilando ante el resto de invitados y con alguien desconocido colgado de su brazo, pues la anfitriona lucía una pinta rarísima, jamás la hubiese reconocido. Con todo, solo podía pensar en una cosa: dónde estaba esa copa!?.
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Jose el Lun Feb 03, 2014 6:41 pm

El estado de ánimo de Isthar al despertar de la siesta era exultante. Después de dos semanas de preparativos frenéticos, por fin había llegado el día de la gran Gala. Porque ella no organizaba fiestuchas del tres al cuarto. Lo de esa noche iba a ser una pedazo de gala más grande que una chapuza de Calatrava... Bueno, tal vez el ejemplo no fuera el más adecuado... pero se entendía, ¿no?... Había tenido que luchar a brazo partido contra todo tipo de adversidades para lograrlo, y sentía le satisfacción desbordante de haberlas vencido todas, una por una, y ahora se disponía a saborear las mieles de un éxito sin precedentes del que se hablaría durante todo el año en todas las salas del foro. A ratos fantaseaba con la idea de iniciar así su andadura hacia la victoria en la próxima edición de votaciones para el Premio. Su autoestima andaba por las nubes.

Atrás quedaban los sinsabores causados por esa panda de maldit@s ingrat@s que la habían dejado más sola que la una al frente de la organización... Al frente, sí. Al frente, en la retaguardia y en todo lo que había entre uno y otra, porque ni dios había arrimado el hombro... Se le torció ligeramente la sonrisa al recordar el día en que, impelida por su vivo entusiasmo (que ahora se le antojaba ciertamente desmesurado para lo que aquella jauría de hienas merecía), había dado un paso decidido al frente cuando se pidieron vountari@s que se hicieran cargo de organizar la fiesta. En realidad no habría necesitado dar el paso, ya que todos los demás presentes recularon como ratas infectas de callejón hediondo, y si llega a quedarse quieta el resultado habría sido el mismo. Pero ella, demostrando en ese momento su gran generosidad y una actitud altamente positiva (cualidades sobre las que ahora también tenía algunas nuevas consideraciones que hacerse a sí misma), no había dudado ni un segundo en ofrecerse para la magna empresa, convencida de que, como es natural, with a little help from my friends, la cosa sería como coser y cantar. “Ilusa de mí”, pensó con un ápice de amargura. Una lágrima asomó a su ojo izquierdo al sentir cómo echaba de menos a Bruja, la última persona decente que hubo en MondoFriki...

Pero se rehízo enseguida. No era día de beber la hiel de los resentimientos, sino de apurar los elixires del triunfo. ¡Mente positiva, caramba!...

Mientras se duchaba hizo repaso mental de la archisabida lista de tareas y detalles. Había elaborado un programa sencillo pero elegante, que diera lustre al evento y realzara ante tod@s sus propias dotes organizativas. Y había elaborado unas invitaciones preciosas, con ribetes dorados y letras en cursiva sobre fondo del mismo color salmón que el foro de MondoFriki. En el anverso rezaba la invitación propiamente dicha, con saluda incluido (estuvo a punto de usar la fórmula del besalamano, pero para entonces ya tenía pocas ganas de besar a nadie), y en el reverso una descripción minuciosa del programa de actos más completo, elegante y plagado de sorpresas que jamás se hubiera visto. Lo tenía todo estudiado.

Para empezar, los asistentes serían recibidos en la entrada de Villa MondoFriki con una copa de cava y ahí aguardarían la llegada de Hanna, que llegaría con un retraso estudiado de quince minutos y cortaría la cinta, dando el pistoletazo de salida de la fiest... de la gala... la Ga-la... A continuación pasarían al gran salón, primorosamente decorado por ella misma con ramas de laurel y muérdago enlazadas con cintas de raso y rematadas con ramilletes florales de alegría multicolor.

Entonces haría aparición el Maestro de Ceremonias. Había pensado ejercer ella misma esta función y ganar con ello una mayor consideración general que allanara el camino hacia futuras victorias, pero creyó que sería mucho más conveniente quedar disponible para cualquier otra eventualidad que pudiera presentarse. La insistencia cansina de Mazinger para ejercer el puesto le había venido de perlas: al concederle el honor (tras una cierta resistencia moderadamente tenaz, que le permitiera dejar bien claro que lo hacía por condescendencia) se aseguraba que ninguna otra forera se luciera más que ella y aportaba al acto un elemento de divertida extravagancia que ya se aseguraría de capitalizar más tarde. A partir de aquí, todo iría rodado. Había entregado a Mazinger unas instrucciones muy precisas con el resto del programa explicado paso a paso y le había amenazado con asarlo vivo a fuego muy lento junto a su colección de teleseries bizarras de los años '80 si no lo cumplía a rajatabla.

Prefirió suprimir el discurso que habría debido pronunciar Cosso en su calidad de Premio a la Cabeza Mejor Amueblada y evitar así que desde el principio se produjera un colapso en los lavabos... ¿El discurso de...? ¡Maldición!... ¡El discurso de Cosso!... ¡Se había olvidado de avisar a Cosso!...

Salió de la ducha a toda prisa, corrió a por el móvil y llamó.

Tal como cabía esperar, a Cosso no le hizo ni maldita gracia el cambio. (1) Tardó una media hora en atravesar las cinco fases del duelo según el modelo de Kübler-Ross, a saber: negación (¿Suprimir mi discurso? ¡Antes pasarás por encima de mi cadáver incorrupto!), negociación (¿Y si le suprimimos el discurso a Hanna, que es gallega?), ira (¡No puedes hacerme esto, mala pécora! ¡Pagarás por esta afrenta, con IVA incluido!), depresión (¡Buuaaa... no es justo! ¡Nadie me quiere...!) y aceptación (Vale, snif, pero que sepas que esto me ha dolido, snif). (2) Cuando al fin colgó, Ishtar fue al botiquín a coger algo fuerte para el dolor de cabeza. Dudó entre un ibuprofeno o una bala. Al final se decantó por el ibuprofeno y, a duras penas, se esforzó por recomponer su... lo que le quedaba de actitud positiva.

Para conseguirlo quiso ayudarse de alguna tarea ligera y se puso a repasar una vez más la lista de invitados. De repente tuvo la sensación de que faltaba alguien, pero no acertaba a identificarlo. Se rascó la cabeza pensativa y siguió sin caer en la cuenta, aunque recordó que se acercaba la hora y todavía tenía que secarse el pelo y... “¡El pelo!... ¡Eso es!... ¡Kancerbero!... Ay, madre, si es que hace tanto tiempo...”

Tuvo que rebuscar unos minutos en su interminable lista de contactos hasta dar con él. Cuando pulsó el botón verde se sonrió viéndose llegar a la fiesta del brazo del siempre apuesto y codiciado Kancerbero.

(3)- ¿Quién es? –preguntó una voz ronca y desabrida en la que le costó reconocer al gentil y amable Kancebero que ella recordaba.

- Soy Isthar... -titubeó- ¿Te acuerdas?... De Mondofriki...

Tras un breve silencio, la voz de Kancerbero se dulcificó levemente.

- Claro que te recuerdo, Isthar ¿cómo estás?

- Estoy bien... Bueno, termino ahora de hablar con Cosso y estoy aturdida... Te llamaba, Kancerbero, porque esta noche hacemos una fiesta en honor a Hanna, que ha ganado el Premio de Forera del Año. Y la verdad es que nos gustaría que estuvieses allí, hace mucho que no sabemos de ti...
-El estruendo de lo que parecía una sirena policial y una escalofriante sucesión posterior de ruidos indescifrables parecieron interrumpir la conversación- ¿Kancerbero?... ¿Estás ahí?...

La voz áspera volvió a escucharse al otro lado de la línea.

- Pues... me gustaría veros y contaros un montón de cosas. Mi vida ha dado un vuelco formidable, pero estoy un pelín atareado ahora mismo...

- Es a las ocho, Kancerbero, aún tienes tres horas. Será una fiesta espléndida.


Tras otro silencio contestó apresurado:

- Está bien. Allí estaré.

Y colgó sin más. A Isthar le quedó una vaga inquietud en la trastienda de su cerebro. Sin saber por qué tuvo la visión fugaz de un elefante en una tienda de lámparas. Miró la hora y corrió a secarse el pelo.

(4) Se hacía tarde. Ishtar volvió a mirarse al espejo. Ser la mas guapa y radiante de la fiesta no era tarea fácil. Pero se lo debía a sus fans. Miró su sonrisa perfecta, esos dientes blancos, nacarados... Los sacó del vaso y se los introdujo en la boca. Luego el escote, los pechos de esta vez serían una noventa, sensuales, sexys pero elegantes, eso era indiscutible. Pero no sabía que hacer con los pezones, dudaba entre unos grandes, tipo Oreo, de matrona feliz, o llevar unos pequeños y puntiagudos, un poco de pilingui... Al final se decidió por estos últimos, total, era una fiesta, y, aunque el único tío con ganas de rollo era Diego, y este solo tenía manos para Irene, siempre había pensado que lo fundamental es la preparación. Miró la faja, la untó bien de desodorante, le provocaba calor y no quería atufar. Era de corpiño alto, ideal para bailar la muñeira. Había asistido a unas clases en el centro regional gallego del barrio. Mahmud, el maestro de baile era un tipo muy simpático que olía a comino. Dudó en si llevarlo a la fiesta... algo tendrían que comer...

Finalmente lo descartó. Le parecía de mal gusto comerse a un moro en una fiesta por muy especiado que lo sirvieran.
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Notas:
(1) Adaptación basada en un original de Txabi
(2) Tomado de un original de Txabi
(3) Tomado de un original de Kiruna
(4) Tomado de un original de Txabi

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Jose el Lun Feb 03, 2014 10:39 pm

Diego volvía a repeinarse su juvenil melena. Ansiaba llegar a la fiesta, tomarse dos copas, bailar un bolero con Irene Addler, bailar otro bolero con Irene Addler, sacar a Cosso del lavabo y entrar con ella... ¡Que se fuesen a mear a la calle! (1)

Tras varios intentos fallidos de arreglarse los pelos al estilo new romantic, que tan buen juego le había dado en su juventud, resolvió recogerse el pelo en una coletita un poco escasa, pero dominable.

Abrió el armario de las ocasiones especiales y se frotó suavemente las manos sopesando las posibilidades. Su primera idea fue plantarse el uniforme de cosaco: era espectacular. Y muy propicio a sus intereses, ya que los faldones de la  cherkesska podían alzarse en cualquier momento en que la ocasión lo requiriese e Irene lo insinuase, y las cananas seguramente atraerían la atención de Caliope, lo que sería una inversión para el futuro... Sin embargo, tendría que prescindir de la papaja y el bashlik para no despeinarse, y esa carencia le quitaría bastante lustre al atuendo... Mejor iría a lo sencillo y elegante: una blusa blanca holgada con mangas de globo y cuello de lazo, pantalón azul con la obligada franja roja a los lados, botas negras de caña alta y una casaca que en realidad era prusiana pero que había aparecido un día en el desván de los abuelos y podía dar el pego y pasar por rusa perfectamente. Exhaló un pequeño suspiro de nostalgia. No se ponía aquella casaca desde la última vez que asistió a un concierto de Spandau Ballet... Para rematar la faena tomó del uniforme cosaco el shashka, con su magnífica empuñadura en forma de cabeza de halcón, y se lo colgó del cinto. También cogió la nagaika y la guardó enrollada en un bolsillo, por si a Irene le apetecía darle unos latigazos...

Se sonrió encantado de sí mismo ante el espejo, ensayó varias expresiones faciales que esperaba resultaran irresistiblemente seductoras y salió de casa tarareando alegre una cancioncilla de Radio Futura, inconsciente de lo que se le venía encima, inmensamente feliz... “Irene, amor, voy a por ti”...

–------------------------------------------------------

A esa misma hora, Irene Adler estaba a punto de maldecir su mala suerte.

Había soñado mil veces con dejar atrás todo ese pasado turbio y sórdido, y creía haberlo conseguido de una vez por todas. Pero es imposible acabar con tu pasado si tu pasado no ha acabado todavía contigo.

Esa misma noche, hasta hacía cinco minutos, había estado dispuesta a dar un salto adelante con ese entrañable loco que era Diego. Le había costado horrores conseguir centrarlo, es decir: que dejara de extraviarse en cada teta que se le cruzara por delante y se centrara en las suyas. En las de Irene. Pero el premio era tan dulce: su arrobo, su delicadeza, su sensibilidad y sus seis o siete manos la hacían sentir la maravilla de ser, sencillamente, una mujer.

Pero había vuelto a ocurrir. No sabía cómo, pero ese jefe misterioso e inefable al que nadie conocía por su verdadero nombre y que movía todos los hilos en la sombra había logrado descubrir su nueva identidad y localizado su teléfono. Se heló su sonrisa radiante cuando, esperando escuchar la enésima patochada de Diego referida a cualquiera de sus orificios corporales (los de Irene), en su lugar se encontró la voz, metálica y grave como un trombón, del Admin.

- Hola, Ikke. Tengo un trabajo para ti...

¡No podía ser! ¡No podía ser! ¡Otra vez! ¡Estaba ocurriendo!... ¡No, Diossss...! Le costó unos segundos aprestarse a la defensa, aun sabiendo que sería inútil.

- No sé de quién me hablas, maldito cabrón. Mi nombre es Irene. ¡Irene Adler! Y no tengo nada que ver contigo ni tú tienes nada para mí.

-Vamos, Ikke, esta vez será la última, te lo prometo... -su manera de mentir como un bellaco, con tono paternal y condescendiente, la sacaba de quicio-. Además, te queda muy cerca, seguramente puedas resolverlo sin apenas cambiar tus planes para esta noche... Vas de fiesta, ¿no es así?... Es bueno que te diviertas, sí... Cumple como siempre, Ikke, y mañana serás libre como una paloma... Te doy mi... palabra.

- ¡Una mierda! ¡Tu palabra vale menos que las pelis que ve Mazinger! Nada de eso, cabrón. No sé cómo te has enterado de lo de la fiesta ni me importa lo que pretendes... Ni esta noche ni ninguna noche... ¡Se acabó!...

Silencio breve.

- ¿Ya está? ¿Ya te has desahogado? Eso está bien. Escucha ahora...

- ¡No pienso esc...!

- ¡Silencio o voy a tener una charla con ese payaso con coleta que ahora mismo se dirige a buscarte a la puerta de tu casa! ¿Entendido?

Irene cerró la boca, apretando la mandíbula hasta dolerle las encías. El Admin prosiguió:

- El caso es que esta noche vas a una fiesta con ese... sujeto. Bien, de eso se trata. En la fiesta habrá un tipo al que conoces, se llama Txabi. Tiene previsto asistir...  si es que no lo asesina nadie antes por el camino, pues sabemos que hay en marcha varias intentonas de liquidarlo. Eso no debe ocurrir, al menos no esta noche, Ikke. Tu misión consiste en frustrar todas esas intentonas y cualquiera otra que surja. Quiero a Txabi entero, sano y salvo, mañana en mi despacho, sea como sea, ¿está claro? No preguntes... Tengo mis razones... Ese malnacido tiene algo que... Tú preocúpate de traerlo hasta aquí y punto... Y ahora sonríe, preciosa, y recibe alegremente a tu Romeo, que está a punto de llamar a tu timbre... y no se te ocurra fallarme.

- Sabes que nunca te he fallado, hijo de puta.

- Y no vas a empezar ahora, ¿verdad... Ikke?

En ese momento sonó el timbre y se cortó la llamada.

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(1) Tomado de un original de Txabi

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Jose el Sáb Feb 08, 2014 9:52 pm

Triste.

Abatido.

Apalizado por la incomprensión y la estrechez de miras de un universo en ruinas.

Así se sentía Cosso.

Deambulaba cabizbajo por las calles del casco viejo, en un caminar errático y zigzagueante con el que su inconsciente al parecer trataba de retrasar su llegada a Villa MondoFriki. Total, ¿qué le esperaba allí? ¿De qué le servía ser la Cabeza Mejor Amueblada del foro, si no se le permitía demostrarlo con unas pocas palabritas? No era por el tiempo dedicado a la elaboración del discurso. Al fin y al cabo, redactar en cincuenta folios una escueta disertación laudatoria de Hanna y MondoFriki, imbricando a ambos sujetos en un contexto histórico, social y político determinado, limitado y abarcado por las concomitancias culturales e idiosincráticas propias de la sociedad postindustrial y postmoderna de los albores del siglo XXI (en un medio ambiente esencialmente mediterráneo y en general bastante degradado, ojo) y relacionándolos como paradigmas de un presente llamado a reconsiderarse a sí mismo en permanente estado de autocrítica, era algo que no le había supuesto el menor esfuerzo. Hacía cosas así todos los días varias veces.
Lo que resultaba lacerante era la frivolidad con que se había prescindido de la humilde aportación con la que había esperado enriquecer el acontecimiento. “Ah, los fastos”, pensó, “cuán nefastos”...

Sucumbió al súbito impulso rabioso de patear con todas sus fuerzas una lata de atún de marca blanca que, según creyó erróneamente, alguien irritantemente incívico había vaciado y dejado tirada en la acera, con la rara fortuna de acertar a estamparla en el escroto de un canis lupus familiaris de raza incierta que en ese momento alzaba su pata trasera izquierda junto a una farola. La lata resultó no estar vacía (seguramente estaba caída, no abandonada; los caminos del caos son inescrutables). Los desgarradores alaridos del cuadrúpedo peludo solamente fueron superados por los exabruptos e improperios del bípedo implume existente al otro extremo de la correa, el cual avanzaba hacia Cosso con el puño libre prietamente cerrado, lo que le confería un aire inequívocamente amenazador. Cosso se quedó clavado en el sitio, estupefacto ante tanta fatalidad concatenada, volátil ante los caprichos del azar, sumergido en el albur de una ontología caótica y ciertamente enervante (en el significado que a tal término se asigna en la primera acepción ofrecida por el Diccionario de la RAE).

Y, además, bastante acojonado.

Resignado a apurar el cáliz de su mala fortuna, cerró los ojos y se dispuso a recibir otro duro golpe de la vida.

Pero justo en el momento en que se resignaba a lo inevitable ocurrió lo imprevisible.

---o---

Para cuando acabó de atracar el frigorífico con verdadero ensañamiento y furia visigótica, Juanjo ya había decidido varias cosas: acudir a la fiesta, localizar a Cosso para ver lo que surgía, localizar a Kancerbero para reclamarle los cincuenta euros y localizar a Txabi para meterle un zapato en la boca y otro en el culo. No solía tomar decisiones con frecuencia, por lo que hacerlo cuatro veces de golpe le procuró una sensación novedosa y estimulante que le alegró el ánimo.

Se preguntó qué vestimenta le convenía más para la ocasión. Teniendo en cuenta el carácter eminentemente lúdico-festivo de la quedada y que quería causar buena impresión a Cosso, desechó inmediatamente cualquier clase de extremismo ideológico (aunque lo cierto es que se le pasó por la cabeza esa posibilidad) y se decidió por una camiseta blanca de algodón sin más ornato que el dibujo de un gran signo de interrogación en trazo grueso. Completó su atuendo con unos vaqueros negros un poco gastados, una chaqueta negra de grandes hombreras y botas rojas John Smith de dudosa procedencia que había birlado astutamente en el mercadillo de los lunes esa misma semana, con gran riesgo de su integridad física, todo sea dicho.

Aprovechando que su hermanita pequeña vegetaba idiotizada ante la tele del salón, se introdujo subrepticiamente en su cuarto y, con ayuda de unas pinzas viejas que su madre creía haber tirado a la basura el mes pasado, sustrajo de la hucha de cerdito el primer billete que se puso a su alcance, que resultó ser de veinte euros. No estaba mal del todo, aunque sabía que por ahí tenía que haber alguno de cincuenta, del aguinaldo. Bueno, ya le llegaría el momento...

Salió de casa y se encaminó hacia Villa MondoFriki a paso vivo, calculando mentalmente el camino más corto: atravesaría el Casco Viejo para luego cruzar el río por el puente de la MeriPé y tomar el camino que pasa entre el barrio del Serdo (uno de los más sofisticados y exclusivos de la ciudad) y el Parque del Helio...

Pero las cosas no salieron así.

Apenas había avanzado unos pasos por el Casco Viejo cuando le sobresaltó el inesperado alarido de algún animal al que, sin lugar a dudas, algún salvaje desaprensivo tenía que estar arrancando al piel a tiras o algo parecido. Se volvió, dispuesto a enfrentarse al vándalo que estuviera cometiendo tal desmán y afearle su conducta (siempre que fuera pequeñito, claro) y sus ojos se extasiaron ante la presencia de Cosso, oportunamente ubicado en la acera de enfrente. Pletórico de dicha, Juanjo cruzó la calle a todo correr para plantarse ante él con un alegrísimo salto.

- ¡Coss...!

¡Crock!

Y el mundo se apagó de repente.

---o---

“¿Coss...crock?... ¿Eso qué es?... ¿Acaso será que en el último instante de consciencia que precede al óbito las neuronas del lóbulo temporal se disocian de la realidad circundante e interpretan confusamente los estímulos del dolor?... El caso es que no me duele nada... ¿Y qué son esos gritos?...”

- ¡Ay!... ¡Coño!... ¡Joderjoderjoder...! ¡Me cago en dios y en la virgen puta...!

No cabía duda de que alguien profería unas lamentaciones que le resultaban incomprensibles. “Si alguien puede quejarse aquí seré yo, que acabo de ser atacado por una bestia abominable”, pensó. Entonces se le ocurrió pensar que tal vez cabía alguna posibilidad de que siguiera vivo. Con cautela se animó a abrir los ojos. Hubo de frotárselos un par de veces para asegurarse de que no le engañaban. Ante él, una especie de humanoide mastodóntico daba saltos, se doblaba y berreaba como un poseso, soltando por su boca lo más granado del léxico arrabalero castellano mientras agitaba una mano grande como un mazo que parecía inflarse por momentos, sin percatarse, al parecer, de que con la otra arrastraba de la correa a un chucho maltrecho cuya lengua iba poniéndose azul al mismo ritmo.

Llamado por su innata curiosidad, aunque no sin cierto recelo, quiso acercarse a examinar el fenómeno más de cerca pero tropezó con un bulto insospechado que le hizo caer al suelo. “¿Pero qué coño...?” Descubrió con sorpresa que a sus pies había un tipo caído, al parecer inconsciente. Se acercó a él y comprobó que no olía a alcohol y que ni en sus brazos ni su  nariz se apreciaban signos aparentes de drogas duras. Se fijó un poco más y tuvo la sensación de que su rostro le era vagamente familiar, aunque... A medida que se iba enrojeciendo, lo que más familiar le resultaba era el ojo derecho. “Qué cosas...”, pensó.

El individuo gimió débilmente, entreabrió un ojo (precisamente el derecho) y preguntó:

- ¿Qué ha pasado?

Cosso se rascó la coronilla, alzó la vista, contempló por un momento al otrora gorila aullador (ahora apenas babuino quejumbroso) y a su cianótica mascota, y ató cabos. Aquél tipo llovido del cielo le había salvado in extremis de tener que sonarse los mocos en la nuca. Podía ser que su mala estrella acabara de cambiar.

- Te has caído y te has dado un golpe. ¿Estás bien?

- No... Me parece... Ay... Tengo algo... como... una tribu de bantúes tocando el tamtam... aquí... -se señaló detrás de la oreja.

- Bueno... es que... Los golpes en la región temporal a veces son así... -Cosso lo vio tan confuso que prefirió dejar las explicaciones detalladas para más adelante- ¿Cómo te llamas?...

- Eh... No sé... No me acuerdo...

Cosso volvió a rascarse la coronilla.

- ¿Adónde ibas?

- Iba a... No sé... Tampoco me acuerdo...

No merecía la pena seguir por ahí.

- ¿Crees que podrás levantarte?

A duras penas y ayudado por Cosso, el tipo logró ponerse en pie. Viéndolo así de de vulnerable y apaleado, Cosso se sentía responsable de él.

---o---

El tipo desmemoriado, con la ayuda de aquel amable desconocido de mirada profunda y voz armoniosamente modulada, se incorporó tambaleante hasta lograr algo más o menos similar a una verticalidad razonable, aunque necesitó varias veces apoyarse en su brazo para no volver a caer. Encontró ese brazo agradablemente firme.

- ¿Quieres que te lleve a algún sitio? ¿A un médico...?

El tipo desmemoriado reflexionó un instante. No tenía ni idea de adónde ir. No se acordaba de adónde iba, ni de dónde venía, ni de quién era... Y la cabeza le dolía sin piedad... Y aquel desconocido le resultaba excepcionalmente atractivo... Esto último le inquietó un poco... No se encontraba nada bien, pero no habría querido separarse de él por nada del mundo.

- No... Creo que no hace falta... Me gustaría... ¿Tienes algo para el dolor de cabeza?...

---o---

Cosso sabía que un domingo por la tarde no iba a ser nada fácil encontrar una farmacia abierta en Frikiville del Condado. Probablemente tendrían que acercarse a Madrid, Barcelona o Corcubión para encontrar una, y eso les llevaría por lo menos una hora. Ya pasaban de las ocho. Se acordó de la fiesta y pensó que allí no sería raro que alguna forera llevara aspirinas en el bolso. Y era casi seguro que Mazinger llevaría alguna cosa más fuerte.

- Ven, ya sé lo que haremos. Lo primero vamos a coger un taxi. No te veo para caminar mucho.

---o---

El tipo desmemoriado se dejó llevar. Se daba cuenta de que se habría dejado llevar por él hasta las mismísimas puertas del infierno y habría saltado dentro si se lo hubiera pedido.

- ¿Adónde vamos?

- A buscar a unos amigos, a ver si tienen algo para tu dolor de cabeza. Están en una fiesta.

¡Una fiesta! ¡Aquel samaritano angelical y cautivador le llevaba a una fiesta! El tipo desmemoriado tuvo una sensación vaga, como si en algún rincón profundo de su cerebro el embrión de un recuerdo pugnara por cobrar forma y abrirse paso hacia la superficie, pero sin éxito. Enseguida lo olvidó y volvió su atención hacia su acompañante y salvador.

- ¿Cómo te llamas?

- Cosso, ¿y tú?... Ah, perdona, que no lo recuerdas... Lo siento...

- No tiene importancia... Cosso.

---o---

Cuando el taxi se detuvo ante la puerta de Villa MondoFriki, Hanna ya estaba cortando la cinta.

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  McPlaci el Dom Feb 09, 2014 3:13 pm

Había sido una irresponsabilidad, y tranchete lo sabía.

Ir a una fiesta así, simplemente así, justo en vísperas del GP Frikiville del Condado, el Gran Premio que decide el mundial de motociclismo. Pero eran los chicos, del foro, era Hanna, y ese deseo irrefrenable desde varios años atrás.

Había decidido aceptar el trabajo hace algunos meses, conocimientos de motociclismo, alegaron, pero estaba claro que había algo más, algo más en lo que nunca había pensado con detenimiento, algo sobre lo que evitaba reflexionar, ¿motociclismo?, apenas era un usuario de una simple Kawasaki, ningún experto... la propia idea le daba miedo, le rondaba amenazante la cabeza.

¿Y Kancerbero?, ¿se había convertido en amigo suyo por algún motivo?. El miedo daba paso a la paranoia, esto tenía que acabar.

Pero muy al contrario, el misterio no hacía más que empezar. Fue entonces, interrumpiendo su fijación en un tablero de ajedrez sobre una mesa de roble, cuando sonó el teléfono.

-Te vemos en 30 minutos, en la esquina de la calle Gorrita de Raúl Bé con la Avenida del Noviojáquer.

-¿Quién llama?

-Ven, y no preguntes demasiado...

La paranoia se desbordaba, un sudor frío le corrió por la frente, hasta llegar salado a la comisura de la boca, se sentía temblar. Sabía lo que esto significaba. Sabía porque lo habían contratado. Estaba clarísimo, recordaba la conversación con Kancerbero de hace algunas semanas, aquella tan distendida haciendo codos en un bar, con una cerveza barata en la mano.  Las palabras de Kancer clavándose en su cerebro: “Ese italiano arrogante no puede ganar el mundial de motociclismo, de tí depende que su moto no cruce la meta” En aquel momento le hizo gracia, pero claro, ahora tenía sentido. Éra él, tranchete, quien había programado el sistema de seguridad del garage donde custodiaban la moto del italiano, y solo él sabía cómo desbloquearlo. Informatica de primer nivel, sin su ayuda no podrían acceder al garage. Sacó de la cartera aquella extraña tarjeta de visita, escrita en ruso. Aquel cirílico le hizo recordar a su hijo, la ternura se apoderó de él, el ruso, ese idioma imposible. Cuánto sentido tenía ahora todo, el rompecabezas donde todas las piezas comienzan a encajar...

Las palabras de Kancer seguían martilleando su cabeza: “El mundial de motociclismo debe retornar a España”...

Observó silencioso a Cosso, en una esquina, seguro de sí mismo, altivo, sin una mota de nerviosismo a pesar del discurso del vencedor, transmitía tranquilidad, y eso le hizo ganar arrestos..

Con una disculpa tímida se despidió de Hanna: “Lo siento preciosa, debo ausentarme unos minutos”.

Cuando cruzó la puerta de Villa Mondofriki ya no sentía el pulso en la sien, ni le temblaban las piernas. Andaba decidido, con aplomo, hacia la Avenida del Noviojáquer...
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  Jose el Vie Feb 14, 2014 3:24 am

En ese momento sonó el timbre y se cortó la comunicación.

Irene tardó unos segundos de respiración honda en serenarse lo suficiente como para contestar al telefonillo con la seguridad de no delatarse. Le habría gustado sorprenderse de ser capaz de hacerlo con tanta facilidad, pero tenía demasiada práctica, y eso no se olvida de un día para otro. Le salió un tono tan alegre y trivial que se dio a sí misma un poco de vergüenza.

- ¿Eres tú, Diego?

Por toda respuesta, al otro lado del aparato sonó la voz de Diego cantando a grito pelado:

- “¡Éramos solo dos niños, mas tan grande nuestro amor que los ángeles del cielo nos cogieron envidia, pues no eran tan felices, ni siquiera la mitad, como todo el mundo sabe en aquel reino junto al mar...”!

Irene no pudo menos que sonreír con tristeza infinita, pero la rueda ya estaba en marcha y no podía detenerse. Su voz sonó jovial hasta casi la náusea.

- Estoy lista. Ya bajo. No hace falta que subas.

Colgó sin dar tiempo a que Diego le hiciera ninguna proposición que, sin duda, les habría retrasado la partida. Tenía una misión, ¡maldita sea!

Con amargo aplomo se dirigió al altillo del armario y extrajo de entre unas mantas viejas una pequeña “Bodyguard 380”, de Smith&Wesson. Al contacto con el arma un estremecimiento le recorrió el cuerpo entero, pero no quiso preguntarse si era por la aversión, por la culpa o por el placer. En cualquier caso, aquello no bastaba para sus necesidades del momento. Se trataba de un arma muy pequeña, pensada para llevarla camuflada en la ropa y para utilizar a corta distancia en caso de necesidad. Su cargador de seis balas tampoco permitía grandes escaramuzas. No, necesitaba algo más...

Se sujetó la pequeña pistola en la cara interior de su muslo izquierdo, enganchada en la liga con que sujetaba sus medias de seda. Luego recordó al pulpo con el que iba a asistir a la fiesta, cambió de idea y la guardó en un bolsillo interior de su bolso. Cogió el móvil y marcó un número. Mientras esperaba contestación, se asomó a la ventana y vio que Diego se entretenía ensayando en el bordillo de la acera los pasos de Gene Kelly cuando cantaba bajo la lluvia. Sonrió nuevamente con pena, pero también se sorprendió a sí misma evaluando las posibilidades de la shashka con la que él emulaba un paraguas...

- ¡Hola, Irene! ¡Qué te cuentas!...

- Hola, Caliope... ¿puedes hablar?

- Sí, claro. Voy sola, conduciendo y con el manos libres. Estoy de camino para recoger al Jipi y llevarlo a la fiesta. ¿Tú no vas?...

- Sí, sí que voy. Tengo a Diego esperando abajo...

- Jijiji...

- Venga ya, que no estoy para risas...

- ¿Qué te pasa, chica?

- Me ha encontrado, Cali. Tengo... una misión... otra vez.

- ¡Mierda!

- Necesito artillería... ¿Llevas algo en el coche?

- Pues... poca cosa, la verdad... A ver que piense... Sí, llevo en el maletero un Remington 750... un Smith&Wesson MP15... ¡Ah, sí! Y una cucada que me llegó ayer: un DPMS RFA3 semiautomático de cañón forjado con cromado interior y apagallamas. Es precioso, y viene de serie con un cargador de veinticinco cartuchos...

- Perfecto. Escucha: nos vemos en la puerta y hacemos como que vamos al baño... Bueno, al baño no, que a Diego le da algo... Lo que sea, nos acercamos al coche y... Bueno, ya veré cómo y dónde lo escondo... Va todo tan precipitado...

---o---

“Aimsiiiiiiiiinguininderreeein”... Aunque desvelar los misterios del zapateado a pie cruzado sobre dos niveles estaba resultando más trabajoso de lo que inicialmente había creído, Diego se sentía satisfecho de los logros obtenidos hasta el momento: todavía no se había roto la crisma y tampoco se había dejado ningún diente contra la farola. Cierto era que un autobús de línea casi le pasa por encima en en el último traspiés, pero afortunadamente se detuvo, el autobús, junto a la parada que había allí al lado, un par de metros antes de llegar hasta donde él, Diego, trastabillaba y a duras penas lograba mantener el equilibrio. “Aimsiiiiiiiiinguininderreeein”... Inaccesible al desaliento, iniciaba una nueva intentona cuando el estruendo chirriante del camión de la basura le hizo dar un respingo de dos metros acera adentro y aterrizar en los brazos de Irene, que salía del portal en ese momento.

Después de un morreo intenso y un recorrido táctil bastante completo, a modo de manifiesto de intenciones en lenguaje braille por parte de Diego, Irene consiguió separarlo un instante y farfullar algo que sonó parecido a “mira, por ahí viene un taxi”. A Diego le pareció excelente idea, aunque no tenía muy claro cómo convencerían al taxista para que les prestara el taxi. Cuando entendió que Irene solamente lo quería como medio de transporte se sintió algo desconcertado. Irene aprovechó ese instante de despiste para meterlo a empujones en el asiento trasero y dar instrucciones al conductor. Antes de acertar a calcular exactamente cuántas bocas y lenguas tenía Diego, ya estaban en la puerta de Villa MondoFriki. Mientras ella devolvía a su sitio correcto todas sus prendas (agradeciendo al cielo haber guardado la pistola en el bolso), Diego protestaba por lo corto que había sido el trayecto, acusaba al taxista de haber tomado atajos poco ortodoxos y pagaba la carrera de mala gana.

Irene buscaba con avidez a Caliope y a Txabi entre el alboroto.

El encuentro con Caliope y Jahiime no pudo parecer más casual, pues llegaron casi al mismo tiempo. Txabi no parecía haber llegado todavía. Eso le preocupó.

- ¡Irene!... -la alegre voz de Caliope ocultó perfectamente el punto de inquietud que la había acompañado durante todo el camino desde que hablaron por teléfono- ¡Pero qué wapa vienes!

- ¡Cali!... -Irene disimuló su ansiedad y se volvió hacia Diego- Ay, Diego, porfa... ¿Me traes una copa mientras me retoco el maquillaje?

- Jipi, wapo -añadió Caliope rápidamente- ¿me traes algo también a mí, anda?

Mutuamente reconfortados en su condición compartida de hombres objetos, Jahiime y Diego bromearon una profunda reverencia a las chicas y partieron en busca de las bebidas. A Jahiime se le soltó la coleta con el ímpetu.

Cuando regresaron con las bebidas no había rastro de ellas. En ese momento, a sus espaldas, sonó un alegre murmullo de excitación que les hizo girarse a tiempo de ver a Hanna, cogida del brazo de Tranchete, dirigirse hacia la entrada de la mansión para cortar la cinta con las tijeras que iba a ofrecerle Ishtar, quien les esperaba visiblemente nerviosa, con una extraña sonrisa congelada y sin dejar de mirar a todas partes. La fiesta estaba a punto de empezar.

Jahiime se sacudió la melena pensando dónde se habría metido Caliope. “Tendré que guardarle sitio”, pensó, aun sabiendo que luego (como siempre) ella se sentaría donde le diese la gana. “Menuda es”. (1)

Por su parte, Diego se giró a un lado y a otro, y dio saltos buscando a Irene entre las cabezas de los asistentes, pero sin éxito. ¿Dónde se habría metido? Quería gritar, llamarla a voces... Pero eso le parecía poco elegante. Y tampoco tenía claro que a Irene le gustara, y si había algo que no deseaba de ninguna manera era disgustar a Irene. Antes al contrario. Se rascó la cabeza y no se le ocurrió nada. Se rascó los huevos y se hizo la luz: si no podía encontrar a Irene, se aseguraría de que Irene lo encontrara a él. Abrió la boca, tomó aire y se puso a declamar a voz en cuello:

- “Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero las infelices lo son cada una a su manera..." -al decir esto se dio cuenta enseguida de que Anna Karenina, por mucho que se la supiera de memoria, tal vez no fuera la mejor elección para aquel momento, pero ya estaba lanzado y no le gustaba dar marcha atrás (por eso siempre llevaba condones), así que prosiguió- “...En casa de los Oblonsky andaba todo trastocado. La esposa acababa de enterarse de que su marido mantenía relaciones con la institutriz francesa...” (2)


Bueno, tal vez no estaba tan mal, después de todo...

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(1) Adaptado de un original de Hanna
(2) Adaptado de un original de Hanna

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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

Mensaje  McPlaci el Sáb Abr 26, 2014 11:27 pm

DOS MESES ANTES DE LA FIESTA

Los cuerpos descansaban, exhaustos, sobre la cama del hotel. Diego e Irene yacían tras hacer el amor una vez más. En el ambiente se podía percibir el aroma dulzón de los fluidos corporales mezclados entre sí, tras varios orgasmos, las pieles impregnadas de sudor se tocaban, sensibles al tacto de esa atracción fatal que el uno sentía por el otro.

-Queda una semana

-Sí

-¿No te parece una locura?

-Desde luego, pero da sentido a mi existencia

-¿Por qué Tolstoj?

-Porque es el más grande, porque mi vida sin Leo Nicoláievich nunca hubiese sido la misma

Los dos guardan silencio, apenas unos segundos, se dan un beso, lento, en los labios, perciben el olor salado, saliva, sudor...

-Te hacía más bien un entendido en química...

-Químico, genetista... qué importa... si un científico pone cotas, o límites, a los campos que estudia nunca será un buen científico.

-Clonar seres humanos está prohibido

-No comparto ese juicio moral carente de lógica, ¿por qué conformarnos con un Tolstoj, pudiendo tener dos? No se puede vetar el conocimiento, ni la ciencia. En la ciencia no puede haber éticas, ni juicios de valor, si algo puede hacerse, debe hacerse, tiene que hacerse...

-¿Y ya tienes quien cuide del bebé?

-Claro, Txabi ya se ha comprometido a adoptarlo. Sturmovik se encargará de falsificar todos los papeles del orfanato ruso, y Caliope tramitará todo el asunto burocrático y legal, que para algo es notaria.

-No sé yo si un Tolstoj crecido en la Badalona del siglo XXI puede llegar a escribir „Guerra y Paz“

-Posiblemente no la escriba, pero la soñará. Y de hecho, cuando lea las líneas del libro, algo resonará en su corazón, como un eco, algo que sabe que le pertenece. Lo compartirá con su padre y éste a su vez conmigo. Sólo por ello mi trabajo habrá merecido todos los esfuerzos y riesgos que conlleve

-¿Y Tranchete?

-Necesitamos involucrarlo, pero no sabemos cómo. Sturmovik se está ocupando de ello, tiene una cita con él esta misma tarde.

-Espero que además de eso, Sturmovik consiga realmente hacerse con el ADN de nuestro genio.

-No te quepa duda. Tantos años aglomerando coleccionismo militar ruso, con sus secretos, con sus entresijos...Ha establecido contactos, conoce esa patria, conoce su sistema, incluyo hasta los fallos de éste. Èl es nuestro hombre, no sólo es el primer catalán en haber ganado un Tour de Francia, además nos pondrá la secuencia genética de Tolstoj en nuestras propias manos.


Sin más, volvieron a besarse, esta vez con sus cálidas y jugosas lenguas como protagonistas. Diego pasó la mano por la suave espalda de Irene, los pechos de ésta aprisionados contra el torso de Diego, que empezaba a notar una resuelta y enérgica erección. Ella comenzó a sentir el sólido miembro viril acariciar su clítorix a la perfección, una bocanada de placer le sacudió el cuerpo...

-Vas a terminar en la cárcel


Después de esta frase se entregó ciegamente al más absoluto y desenfrenado deleite.


ESA MISMA TARDE, EN OTRO LUGAR

-¿Qué tomas? ¿Un café?

-Sí, con leche, por favor

-Y dime una cosa, Tranchete... ¿Estás contento con tu trabajo en el mundial de motociclismo?

-Sí, las motos... bueno... es una pasión desde hace mucho

-Pero tú eres informático, y de los buenos

-Puedo presumir de ello

-Te dejo mi tarjeta de visita, tómala

-Coño, está en ruso

-Si ya, es una larga historia...


DOS MESES MÁS TARDE

(1)Mutuamente reconfortados en su condición compartida de hombres objetos, Jahiime y Diego bromearon una profunda reverencia a las chicas y partieron en busca de las bebidas. A Jahiime se le soltó la coleta con el ímpetu.

Cuando regresaron con las bebidas no había rastro de ellas...


Habían abandonado la fiesta, en éstos momentos Irene y Caliope conducían a toda prisa, la ciudad era mucho más grande de lo que hubiesen deseado.

-¿Cómo ha podido filtrarse la información?

-No lo sé. Txabi está en peligro, tienen que eliminar al padre de la criatura

-Y a Diego también, que es el científico. Y posiblemente a todos los demás... Ya puestos...

-Joder... tenemos que afinar la puntería esta noche...

-Sí, además necesitamos a Tranchete..

-No te pongas nerviosa.Ya lo has visto en la fiesta. Hay que sacarlo de allí, lo citaremos en la Mondofrikotaberna.

-¿Esa que hace esquina?

-La misma

-Ok, ya lo llamo yo


Tras varios segundos Tranchete descuelga el teléfono.


-Te vemos en 30 minutos, en la esquina de la calle Gorrita de Raúl Bé con la Avenida del Noviojáquer.

-¿Quién llama?

-Ven, y no preguntes demasiado...

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(1) Idea original de Jose
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McPlaci
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Re: MONDOFRIKI, EL RELATO.

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