Relato colectivo

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Relato colectivo

Mensaje  Jose el Dom Feb 14, 2010 4:10 pm

NORMA ÚNICA: EN ESTE TEMA SOLAMENTE SE ESCRIBEN APORTACIONES AL RELATO. PARA COMENTARIOS, DUDAS, CONSULTAS, CRÍTICAS, ELOGIOS, ETC., EXISTE UN TEMA TITULADO ANEXO AL RELATO COLECTIVO
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El día en que Elvira cambió su vida para siempre, empezó como un día cualquiera. Tampoco podía ser de otra manera, seguramente porque la vida no se anuncia como un dentífrico, con amplia sonrisa testada y aprobada por nueve de cada diez especialistas. La vida va a su puta bola y no cuenta con nadie. Así que el día en que Elvira cambió su vida para siempre era un día anodido, gris plomizo, con amenaza cierta de alguna llovizna matinal y viento suave de poniente. La amenaza de llovizna y viento sí se anuncia. El radio-despertador de la mesita de noche se encarga de ello, y lo hace con una profesionalidad encomiable y colmada de todo lujo de detalles. Tal vez, si el radio-despertador hubiera anunciado a Elvira lo que ese día anticipaba, Elvira se habría dado la vuelta y habría seguido durmiendo. Pero no hubo anuncio, así que Elvira no se dio la vuelta. En vez de eso, con la pericia y la precisión que solamente se adquieren tras muchos años de repetición constante, hundió el codo en el quinto espacio intercostal de Mariano y dijo Mariano son las siete. Lo dijo así, sin comas ni exclamaciones. Mariano son las siete. Así es como siempre lo había dicho desde aquel día en que por última vez dijo "Cariño, es la hora, ¿vamos?".

Pero de eso ya hacía mucho tiempo. Mariano son las siete. Haría falta un psicoanalista (que no tenemos) para indagar y explicar las razones ocultas que acechaban en la inconsciencia de Elvira. Seguro que sería fascinante ahondar en los entresijos y las causalidades de Mariano son las siete. Desgraciadamente, esa es una vía que nos está vedada por falta de datos y formación, y solamente podemos asegurar, con nuestros limitados medios de observadores diletantes, que aquella mañana del día en que habría de cambiar su vida para siempre, Elvira se oyó decir Mariano son las siete y, a continuación sintió un deseo apenas contenible de vomitar y, lo que resulta más curioso y revelador, de hacerlo sobre la calva de su marido.

Probablemente, lo habría hecho si no hubiera acudido a su mente la desagradable imagen de sí misma metiendo en la lavadora sus propios vómitos.

Tragó saliva, se giró lentamente sobre su costado y se incorporó despacio. Buscó a tientas con los pies las zapatillas, se rascó la nuca con una mano mientras estiraba el brazo contrario como si quisiera llegar con él a la cafetera, en la cocina. Después dejó posarse ambas manos sobre los muslos y, justo en el momento en que inclinaba su cuerpo hacia delante para tomar ese ligero impulso con el que solemos levantar nuestro cuerpo del asiento, sintió que algo en su vigor se desinflaba, que sus actos se distanciaban de sus deseos, que la habitación se oscurecía en su corazón y en su pensamiento, que no había motivos, que no había futuro... Y supo, sin saberlo aún, que era el último día de Mariano son las siete.

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Re: Relato colectivo

Mensaje  Txabi el Dom Feb 14, 2010 5:13 pm

Mariano son las siete...casi sin vocalizar, con tono monocorde, Marianosonlassiete era la música de un nuevo día. Nuevo, porque era otro día, uno diferente al anterior, y, suponemos, diferente al posterior. ¿Qué terrible pecado habrás cometido en otra vida? Por que en esta, lo peor que has hecho, y hoy lo sabes, es ligarte de por vida a Marianososnlassiete. Te levantas, intentado no escapar todavía del sueño maravilloso en el que estabas sumergido. Con un poco de suerte, el recuerdo de aquél culo aún te acompañaría con suficiente nitidez en la ducha. Lo malo de comenzar con una paja de buena mañana, es que el día dificilmente te deparará nada mejor. Te afeitas, y vuelves a comprobar que a ti el tiempo te está tratando bien...Miras los botes desordenados de cremas y afeites y, mirando el perfil que te devuelve el espejo, piensas que no a todos les trata igual de bien, y casi no tienes barriga... Hoy desayunarás en el bar, como cada día, no hay nada que te retenga en casa. Abres el mundo deportivo, saboreas el café con leche, la cerveza, el pepito de lomo y la copa. Te fijas en el calendario de la pared, ya queda poco para acabar el mes, y tendremos a una nueva hembra, y, sueños matinales nuevos...
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Re: Relato colectivo

Mensaje  Diego el Lun Feb 15, 2010 12:34 pm

En opinión de Salvador Conejero, director general de la sucursal de la compañía general de seguros, en esta gris ciudad de provincias,aquel empleado que ahora salía de su despacho, Mariano Alegría,era un ejemplo de eficacia, austeridad, abnegación y entrega a su traabajo.Podía confiar sin fisuras en Mariano.Siempre con ese semblante serio, casi triste , como la atmófera de este maldito agujero de ciudad,entendia la labor que se le encomendaba sin necesidad de una segunda explicación,luego se dedicaba con pasión fanática a su deber.Después estaba su aspecto físico.Gris, acorde con la ciudad y el trabajo;pero pulcro, aseado, el traje y la camisa perfectamente planchados, formando perfectísimas líneas,angulos rectos y paralelas.Impresionante.Envidiava a aquel ser que parecia llevar una vida planificada, eficaz, diríase que casi feliz , sin espacio a la improvisación y a la inquietud.Estos pensamientos le llevaban irremediablemente a pensar en su inestable e insegura existencia,él, que se suponía era quien dirigía esta sucursal,él, de quien se suponía , muchos empleos dependian de su eficacia en la dirección era todo lo contrario de lo que se espera de una persona con sus responsabilidades.Se preguntaba amargamamente que quien realmente merecia su despacho era aquel,Sr. Alegre, que hasta tenía la desfachatez de cuestionar su liderazgo con su nombre de pila..pensaba en su desordenada vida de soltero en un apartamento desordenado, en su ropa sucia que se acumulaba en el cuarto de baño, en los platos sucios de la cena del dia anterior que se acumulaban en el fregadero y le recordaban que tenia que desayunarse en el bar más próximo.Pensaba en su vida sexual inexistente, salvo esporádicas "vistas" a Svetlana, la rusa, en el polígono, cerca de la fábrica de embutidos.....realmente no sabia gestionar su vida privada.Eso sí, a pesar de tanto caos, entre las pocas relaciones que habia desarrollado en la ciudad, se ufanaba de haber leído a todos los clásicos, desde Homero a Dan Brown....y su pensamiento se detuvo en aquel boirracho pendenciero que asistia a las reuniones literarias, aquel "ser" con su ropa manchada de sangre de la fábrica de embutidos......
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Re: Relato colectivo

Mensaje  Jose el Mar Feb 16, 2010 10:58 pm

Como cada mañana, Elvira surca el pasillo en trayectoria relativamente oblicua, con la inseguridad propia de quien todavía lleva el sueño aferrado a las meninges. Como cada mañana, amaga trastabillar en el ligero desnivel que dejaron los instaladores de la tarima flotante en la entrada del salón y, como cada mañana, roza con su mano derecha el respaldo de una silla y con la izquierda el del sofá, como si con ello pretendiera restaurar un equilibrio que, en realidad, en ningún momento ha perdido.

Lo normal sería que, como cada mañana, continuara su avance por el pasillo que conduce del salón a la cocina. Pero hoy se detiene en medio de la estancia y se hace una pregunta imprecisa: "¿esto qué es?". La pregunta es imprecisa porque Elvira no sabe concretar a qué "esto" se refiere su pensamiento fugaz. Y ya que no puede concretarlo, prerfiere apartarlo de sí y continúa su matutino deambular hacia la cafetera y la vida.

Pero algo ha cambiado. Ya no es una mañana como todas las mañanas. "¿Qué es esto?". ¿Qué es "esto"? ¿Qué es eso de "qué es esto"? La segunda cucharada de café queda suspensa a mitad de camino entre el tarro y el filtro de papel que no recuerda haber colocado en la cafetera, cosas del automatismo mañanero. Sacude la cabeza con menos indiferencia de la que se permite sentir, se encoje de hombros y mete dos rebanadas de pan en la tostadora. A continuación, regresa al cuarto para levantar la persiana, abrir la ventana y airear un poco el edredón y la cama. Recorre varios rincones del cuarto recogiendo ropa desperdigada, alguna con olor a tabaco, la lleva al cesto de la ropa sucia y palpa la ropa tendida, a ver si está seca, comprobando que no lo está todavía. De regreso por el pasillo, oye a Mariano cuando sale de la ducha y despliega sus enseres de afeitado sobre la encimera, en torno al lavabo. Se detiene de golpe, repentinamente asaltada por la idea de Marianosonlassiete con un cuchillo jamonero atravesado en el gaznate y borbotones de sangre brotando convulsos de su boca y su nariz.

Sonríe. Se turba. Se asusta. Huye de allí hacia la seguridad de la cocina. Se sienta en una silla, tratando de recuperar la serenidad. Se dice a sí misma que vaya tela las cosas que piensa una de buena mañana, que mecachis con los sueños (se engaña conscientemente: sabe que no es un sueño), que de dónde se sacará una esas ideas... ¿De dónde se saca una esas ideas?...

Mariano irrumpe en su soledad brevemente, como para limitarse a confirmarla, con un beso de trámite, esquivo, y un "hasta luego" no menos rutinario y mezquino. Elvira lo mira sin verlo al marchar, la mirada perdida en el gotelé del pasillo que ha dejado tras de sí la puerta al ser cerrada. Por el patio se cuela la musiquilla alegre de algún anuncio radiofónico y Elvira mueve distraída un par de dedos al compás. Y esa musiquilla es el hilo de Ariadna que nos provoca a los espectadores poco atentos la falsa sensación de que Elvira vuelve a la cocina de su casa, a la cafetera que extiende su aroma por el universo, a las rebanadas que, probablemente ya frías, asoman tímidas por las ranuras de la tostadora. Pero es una falsa sensación y es mejor que el lector lo sepa desde este mismo momento y no que ande preguntándose infructuosamente por qué Elvira no desayuna de una vez.

Tamborilea los dedos sobre la encimera cuando se agacha y saca del armarito una olla en la que, después de escurrirlos y enjuagarlos bajo el grifo, introduce los garbanzos que dejó en remojo la noche anterior. Añade agua hasta la marca invisible del cocido que solamente Elvira ve. Se dirige al frigorífico y saca un paquete que descongeló anoche y que contiene la carne de ternera, el pollo, el tocino, los huesos de jamón y espinazo, la morcilla y el chorizo. Lo mete todo en la olla, sin molestarse siquiera en sacarlo de la bolsa de plástico. Añade puerros, zanahorias y patatas sin pelar ni lavar. Cierra la olla y la coloca en la vitrocerámica encendida a la máxima potencia.

Ahora luce algo parecido a una sonrisa, aunque cualquiera que la viera, sin fijarse lo suficiente, no hallaría más que una mueca desencajada. Haría falta una observaciónun poco más detenida, un poco más juiciosa, para darse cuenta de esa chispa deleitosa que anida en lo más hondo de sus ojos mientras saca del armario cualquier cosa y se viste sin pensar en nada, tarareando una melodía monocorde y arrítmica.

Curiosamente, antes de salir de casa recuerda coger las llaves, el móvil, la cartera y el bolso. Cierra la puerta con doble vuelta de llave (vayamos a sabe por qué) y baja las escaleras con paso firme y apresurado. A pocos metros del portal, acierta a tomar el bus que ha de llevarle a su lugar de trabajo: la fábrica de embutidos.

Pero hoy sabe que la jornada será muy corta.

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Re: Relato colectivo

Mensaje  Diego el Jue Feb 18, 2010 2:47 pm

Es leyenda urbana demostrada que las personas somos prisioneras de nuestras costumbres.Cambiar hábitos largamente establecidos es algo extraño al común de las personas.A veces presumo que esta negativa al cambio , no es tal;en realidad es pereza disimulada.....esta mañana, al dirigirme a la parada del bus, como cada mañana hago desde hace doce años;los mismos que hace que trabajo en la fábrica de embutidos.Cada mañana el mismo recorrido,los mismos pasos contados, las mismas caras en la parada.....cada mañana el mismo propósito de hacer un recorrido diferente, cada mañana el propósito que salta reventado por la pereza, y la rutina paralizadora.

Y como cada mañana, yo, Julio Dimas, soy prisionero de mis filias y mis fobias y mis complejos y, y.......de mi condición de negro.Sí, soy de piel oscura, esto no sería nada extraño si mi educación, mi cultura, mi madre, mis amigos y mi pensamiento no fuesen blancos......vivo o malvivo con el drama se ser un negro que piensa y actua como un blanco.Manda bemoles....mi madre,en una indisimulada pasión por la cultura popular me bautizó con el nombre de Julio.Para hecerme el honor de compartir nombre con un popular cantante de su juventud.....mi madre....me jodió mi puta vida el dia que se le ocurrió tener un hijo en unas vacaciones siendo demasiado joven..podia haber abortado, pero no, prefirió hacerme el puto favor de traerme al mundo....pero que estoy diciendo, dios...me oigo los pensamientos y me odio.Pobre mamá, se consume en un sillón de sky roto por tosos sus costado,pobre mamá, sus ojos azules tristes eternamente llenos de lágrimas y su pensamiento perdido en vidas que no ha podido vivir ni vivirá...soy un egoista culpabilizándola de mis miserias, mis escarceos con las drogas y el alcohol.....sólo me sostienen mis libros, y ya dudo que puedan sostenerme mucho mas....llego a la parada del bus.Las mismas caras.Todo igual.

Ahí llega Elvira..
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Re: Relato colectivo

Mensaje  Jose el Sáb Feb 20, 2010 9:50 pm

"Lo malo de comenzar con una paja de buena mañana, es que el día dificilmente te deparará nada mejor".

En el caso de Mariano, esta afirmación no estaba muy lejos de convertirse en una verdad de las que no caben en una catedral gótica. Mariano es un tipo esencialmente rutinario, reiterativo, constante. Su felicidad es cíclica, como la de un perro: consiste en hacer lo mismo todos los días, de la misma manera y en el mismo orden. La novedad y los cambios le irritan extremadamente, aunque lo disimula a la perfección. ¿Y por qué disimular? Muy sencillo: porque de esa manera evita tener que dar unas explicaciones que le sacarían aún más de su rígido esquema cotidiano, al que siempre desea regresar de inmediato.

De modo que Mariano disimula y trata de no agitarse como una batidora mientras en el interior de su cabeza chirrían todos y cada uno de sus enlaces sinápticos en una melodía que solamente sería capaz de remedar un gato al que estuvieran arrancando seis vidas de una sola vez. Si no fuera por las implicaciones jurídico-policiales que ello supondría (que alterarían definitiva y fatalmente su ya precario equilibrio), se levantaría de la silla ahora mismo y estrangularía con sus propias manos a ese malnacido de Salvador Conejero, que estaba osando arrasar salvajemente su paz interior con ese... con eso... con un... encargo... ¡demencial!... ¡Y el muy cretino ponía cara de estar haciéndole un favor!

Y así salió Mariano del despacho, impertérrito, con un nombramiento escrito, firmado y sellado en un papel que le quemaba las manos y el alma.

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Re: Relato colectivo

Mensaje  Txabi el Lun Feb 22, 2010 9:59 am

Ahí llega Elvira.

Como cada mañana, el ritual de saludo entre dos desconocidos que hace años que se encuentran, con las preguntas inútiles que forman parte de ese extraño baile de aproximación y rechazo. Me mira fijamente, con una cara extraña, y, yo miro hacia el fondo de la calle, por donde debe aparecer el autobús. Me mira, y pienso si tendré alguna mancha de dentífrico brillando en mi piel negra, o el cuello de la camisa sucio. Me concentro en el final de la calle, me enciendo un cigarro, y disimuladamente me toco la bragueta para ver si la tengo subida, y, descubro que me la está mirando. Me doy la vuelta, me concentro en el cartel de una película, que nos promete, en la marquesina, hora y media de amor y felicidad, toda una vida. ¿Perdona, tienes un cigarro? Me doy la vuelta, la tengo tan cerca que siento su aliento en mi pecho. Balbuceo, está tan cerca que solo le puedo ver los ojos. ¿Un cigarro? ¿puedes darme un cigarro? Se me cae el tabaco, me agacho a cogerlo y me queda su cara rozando su vientre. El calor de su cuerpo hace vibrar el aire que nos separa, subo lentamente, le doy el cigarro, se lo enciendo, y me tira una bocanada en la cara. Hace tanto tiempo que no me fumo un negro. No se que cara pongo, pero ríe, me agarra del pecho y me pide perdón: "No quería decir..." y enrojece.No importa, creo que le digo, y, veo, un poco mas allá, nuestro autobús, que se acerca....
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Re: Relato colectivo

Mensaje  Jose el Dom Feb 28, 2010 3:03 pm

El inspector Gundisalvo Gurruchaga (G.G. secretamente para sus subordinados más díscolos) llegó al lugar cuando ya la zona estaba acordonada y los forenses recogían los últimos restos de masa encefálica que habían quedado esparcidos sobre el asfalto. Observó, moderadamente satisfecho, que el hallazgo del cuerpo había ocurrido en el callejón que había detrás de la fábrica de embutidos, un espacio habitualmente intransitado donde la posibilidad de hallar pistas poco contaminadas era apriori elevada.

- ¿Qué ha pasado aquí, Corbacho?

- La documentación de su cartera dice que se trata de Mariano Alegría, empleado de la fábrica de embutidos de aquí detrás. Creo que era oficinista. Contable, o algo parecido. No parece que lo haya pasado muy bien últimamente: presenta signos de apuñalamiento, estrangulamiento, tiroteo a bocajarro... Pero lo que realmente le mató parece que fue la caída desde ahí arriba -Corbacho señaló el tejado de la nave en la que se hallaba la fábrica de embutidos-, que es lo que le hizo esparcir los sesos por el suelo... La identificación no es definitiva. Cayó boca abajo y la cara le quedó totalmente irreconocible... Cuidado, no mueva el pie, que me parece que eso de ahí es un ojo...

Corbacho hizo señas a un miembro del equipo forense para que se acercara a examinar el corpúsculo sanguinoliento. Gurruchaga se rascó la cabeza y soltó un bufido.

- ¿Ha subido alguien al tejado?

- Sanchís está en ello.

- Bien, Corbacho, manténgame informado.

Gurruchaga hizo repaso mental de los datos. Hacia las nueve de la mañana se había recibido en el 112 una llamada de una mujer con marcado acento extranjero, al parecer de algún país de Europa del Este, que con voz entrecortada avisó de que alguien iba a matar a alguien en el callejón de detrás de la fábrica. La llamada se hizo desde un teléfono móvil a nombre de un tal Salvador Conejero, encargado o gerente o algo así de la fábrica, a quien todavía no se había logrado localizar. A las 9.07 horas se presentaba en el lugar una dotación policial que descubría el cuerpo despanzurrado. Punto final. No había más.

Levantó la vista hasta el tejado y calculó que la caída desde ahí arriba podría ser de unos quince metros, aproximadamente, y sintió un escalofrío de vértigo. Gurruchaga no soportaba las alturas. En ese momento asomó la cabeza de Sanchís.

- ¡Jefe, debería subir a ver esto!... ¡Está todo lleno de sangre y de huellas por todas partes!... ¡Menuda juerga han tenido aquí arriba!... ¡Creo que en el canalón hay casquillos de balas, pero no puedo acercarme!... ¡Y lo más curioso es...!

Sanchís nunca pudo decir qué era lo más curioso. De repente su rostro cambió la expresión por una mueca de sorpresa y dolor y su cuerpo se precipitó al vacío hasta desplomarse en el suelo, justo en el mismo lugar donde los forenses acababan de retirar los últimos restos del anterior cadáver. Tenía un enorme cuchillo de carnicero clavado en la espalda.

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Re: Relato colectivo

Mensaje  Txabi el Mar Mar 02, 2010 12:28 pm

Elvira salió de la fábrica de embutidos con el resto de sus compañeras, era la pausa para el bocadillo, y salió a fumarse un cigarrillo, el Poeta, el encargado de la cámara frigorífica, llamaba a ese cigarrillo el Tartar, porque se lo fumaban con restos de carne cruda. Nada mas salir, vieron el follón. Un policía les gritó que se tirarán al suelo. Habían sirenas, policías que corrían arriba y abajo. El Poeta, con su bata llena de sangre, y su inconfundible olor a sudor y alcohol, estaba tirado justo delante de ella, con sus ojos vidriosos. Se escucharon disparos, gritos, palabrotas. Vio a un policía barrigudo escupiendo el bofe. Cerró los ojos, y le vino a la memoria el negro del autobús. Un calor casi olvidado le vino a recorrer partes olvidadas de su cuerpo. Una piedra se le clavaba, pero no lo encontraba molesto. Se fija en el cadáver, debe de ser lo, va cubierto, como en las películas. Piensa en el negro, poseyendo la como una perra, el cadaver, haciéndole sentir deseada, algo en ese cadáver, susurrandole en el oído guarradas, ese...cadáver, con ese miembro, duro como una piedra, y, mientras se corre, mordiéndose los labios, como una explosión, sabe, ahora lo sabe, quién es ese cadáver.
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Re: Relato colectivo

Mensaje  McPlaci el Miér Abr 14, 2010 2:07 pm

Gurruchaga soltó una maldición entre dientes al oír el estruendo que formó esa patulea de asalariados al salir de la fábrica, mujeres frenéticas bajo el efecto del pánico.

-Joder, parece que tenemos soplones entre las ristras de chorizo y salchichón.

-Eso digo yo, joder, mira al tipo que va con ellas, ¿no te resulta familiar?

-¿No es ese el maldito "Poeta"? ¿qué cojones hace aquí vistiendo esa ridícula bata blanca?, ¿acaso lo han soltado?

-Parece obvio, de todos modos que haya dos muertos y que él aparezca en escena me parece demasiada casualidad para ser casualidad. Vamos a esposarlo y a meterlo en un patrulla, cuando acabe este cristo lo torturaremos si es necesario.

Corbacho se acercó al grupo de gente que se apelotonaba en el suelo, presa del miedo, y reconoció a Elvira, la mujer casada con la que pasó un fin de semana de lujuria y perversión en Marbella. La miró, parecía otra, más vieja, cansada... menos atractiva. Sus senos aún seguían firmes, y los miró para notar la excitación de sus pezones, pensó que ella también se había emocionado al verle.

-¿¿¡¡Mierda Corbacho qué coño hace!!??

Maldita sea, con el descuido se había olvidado de Poeta, quien ahora huía como un poseso en dirección a la esquina.
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