De vuelta a Odesa

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De vuelta a Odesa

Mensaje  Sonja Sychev el Jue Jun 17, 2010 9:10 pm

Me llamo Sonja Sychev y estoy sentada en un café del bulevar Primorsky delante de una taza de té. El sol empieza a calentar en esta primavera ucraniana, hay gente paseando por la calle y esta gente me mira. Estoy acostumbrada a ello, pero me da la impresión que sus miradas me traspasan sin fijarse por un momento en la tristeza que siento. Triste, derrotada y tranquila, paradójicamente. La derrota que llevo paseando por toda Europa Oriental se ha vuelto mi mejor compañera y sé que está feliz de estar aquí, porque me prometí a mi misma que cuando disparara el último cartucho y no supiera donde ir, volvería al único lugar donde la existencia era plácida y tranquila, que no feliz.

Podría decir que los años más felices de mi vida los pasé en Odesa, pero mentiría. Plácidos y tranquilos quizás, pero si alguna vez pensé que fueron los más felices fue por el afán por arrancar de mi cabeza los recuerdos de los dos hombres que han marcado mi vida. ¡Qué sencillo resulta regresar con la memoria a unos tiempos en los que solo existían los sueños y esperanzas, barnizándolos con la patina dorada que dan los años a una existencia que probablemente era anodina y aburrida, pero que desde aquí parece plena y luminosa!

Les echo de menos, a los dos. Sigo sin poder disociarlos de mi cabeza, que se ha convertido en un crisol en el que los recuerdos de ambos se licuan y se mezclan, creando la venenosa aleación que lleva corrompiendo mi vida desde hace años, adherida a cada neurona de mi cerebro. En estos momentos me gustaría ser matemática, y poder descifrar las misteriosas ecuaciones del amor hasta encontrarles alguna lógica. Pero yo solo sé de palabras y gramática, semántica y letras, de frases grandilocuentes que cuando llegan a mi boca han perdido todo el sentido.

El té ya está frío. Como yo.
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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  Sonja Sychev el Vie Jun 18, 2010 10:16 pm

Pago la cuenta y me voy del café. Decido pasear por el bulevar hasta llegar al hotel Londonskaya. Era el favorito de mi padre y es curioso que un miembro tan relevante del partido fuera un enamorado de uno de los símbolos de la aristocracia de Odesa. A pesar de las guerras y la Revolución sigue conservando toda su elegancia intacta. Así era mi padre, contradictorio y esteta. Como yo.

Busco la pitillera en el bolso y todo su contenido se desparrama por la acera. Mientras me agacho a recogerlo no puedo evitar llorar, ¿por qué me siento tan desvalida en este momento? Al fin y al cabo, solo es un bolso.

El tapón del perfumero ha rodado hasta una pequeña placita arbolada con dos mesas. Cuando me acerco y levanto la vista, me quedo fascinada, ¡todavía se juega al ajedrez en la calle! Un anciano con gorra calada se sienta enfrente de un niño de ocho años, probablemente su nieto. Las piezas de basta madera se despliegan ceremoniosamente ante los dos jugadores, embebidos de solemnidad. Mi mente me transporta a una escena muy parecida, muchos años atrás …

Max, ¿por qué tuviste que irrumpir en nuestras vidas? Yo llegaba de la universidad y abrí la puerta cuidadosamente, como siempre hacía para no molestar a Diego en una de las jugadas de su partida definitiva. Curioso, muy curioso que un estratega como él no pudiese prever el movimiento al que tú y yo nos vimos abocados.

Diego era todo lo que yo quería. El amante incondicional, mentor de mi juventud inexperta, mi compañero. Pero cuando abrí la puerta te vi, con esos rizos rebeldes sobre la frente ceñuda, concentrado en la partida del maestro. …

No puedo soportarlo, corro los doscientos metros que me separan del hotel, subo las escaleras y cuando cruzo el hall escucho esa música. Solo me puedo derrumbar en uno de los sofás de cuero, agotada …


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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  Volgogrado el Sáb Jun 19, 2010 1:14 pm

El matasellos de correos no dejaba lugar a dudas: "Rehusado". Me pasaba las semanas mirando cada mañana el buzón de la puerta, con la ilusión irreal de los que sueñan desde el alma, esperando un resquicio de comprensión, un arrepentimiento, una carta perfumada de las esencias del tocador de Sonja, pero me encontraba con la decepción del vacío, con panfletos publicitarios que nunca leía o con las cartas que al final simplemente me escribía a mí mismo; mis sobres en ese camino de ida y vuelta entre Escocia y Rusia.

A menudo me gustaba coger en las manos mi desvencijada y rota agenda que solía usar para trabajos periodísticos en la década de los 90, y siempre me saltaba todos los contactos, todos aquellos nombres que se convirtieron en entrevistas, reportajes o en meros textos informativos, para detenerme en la página "S". La hoja en cuestión era la más desgastada de todo el cuaderno, los bordes de la misma habían dejado de estar afilados hace tiempo, ahora más bien tenían una tonalidad ennegrecida, de haber sostenido con la yema de mis dedos ese nombre que me gustaba suspender en el aire: Sychev, Diego. Entonces aspiraba profundamente para embriagarme con la esencia del papel amarillento, envejecito, roto, de esas hojas que tanto han visto y vivido. Ese olor a polvo y desván, esa tonalidad áspera que me hacía recordar el mucho tiempo que había transcurrido. Me gustaba pasar mis yertos dedos huesudos por la tinta, aquellas letras escritas tantos años atrás, cuando Diego era sólo un maestro inigualable, y no todo lo demás que vino a significar posteriormente en mi vida. Tinta azul, de pluma estilográfica, escribiendo su nombre y su número, la raya de mi uña por encima de la línea de escritura, las palabras que se habían vuelto difusas por la tinta que se mueve a causa del sudor de mis dedos, y tantos sentimientos impresos en esas dos palabras. Entonces cerraba la agenda con violencia, y una pequeña nube de motas de polvo inundaba la estancia.

Hoy la revista se ha puesto en contacto conmigo para comunicarme que estoy despedido, que ya no soy ese chico joven y ambicioso que solía escribir artículos con un rigor casi científico, que me he convertido en un vejestorio anclado en el pasado que sólo escribe sinsentidos y absurdos de difícil asimilación. Que les sobro, que estoy de más, que mi carrera ha tocado fondo y que ya no voy a ningún sitio. No les culpo, ni siquiera me he molestado en rebatir la dureza de sus palabras. No me apetece contrarrestar un mensaje que por otro lado considero certero, ya no sé escribir, ya no tengo nada sobre lo que escribir, voy a las conferencias, o al lugar de los hechos, y ni siquiera soy capaz de tomar las notas correctas, de plasmar en papel lo que sucede, ni siquiera soy ya capaz de inventar, en la redacción tienen razón; estoy acabado.

Entonces paseo por el piso, la madera cruje bajo mis pies, intento poner en orden mis pensamientos. No me puedo quitar de la cabeza la imagen del abatido Javier, aquellos edificios grises de Uruguay, aquel suicidio anunciado, anticipado varios años atrás. Me pregunto si Diego o Sonja habrán leído mi artículo en la revista, mi último texto en el mundo periodístico, lo último que me quedaba por decir. Decido sentarme al piano y dar vida musical al Canon de Pachelbel, pero apenas puedo concentrarme en la partitura, a los pies del piano yace el lienzo de Sonja que pinté años atrás, y que ella rechazó con esa vehemencia fría, distante, incluso colérica, aquellos ojos y aquellos labios llenos de pasión, aquella fuerza impetuosa y ardiente, irreflexiva, aquella pureza tan digna de Sonja.
El lienzo sigue envuelto en el papel de regalo color crema con que pretendí sorprenderla, pero ella ni siquiera lo retiró, ella nunca llegó a ver la imagen de sí misma reflejada a pinceladas desde lo más profundo de mi ser, nunca me dió esa oportunidad, nunca quiso dármela. Me pregunto si algún día tendré el valor de retirar yo mismo el envoltorio para volver a mirarla, si el fuego de mis entrañas se apaciguará lo suficiente como para poder aventurarme a ello.

El sonido del teléfono me aleja de mis pensamientos, descuelgo y con una voz ténue, insegura y confundida alcanzo a articular mi nombre.

-Gracias por tu artículo, en el fondo ya nada importa.
-Eeee... esto... ¿Diego?
-No te molestes en escribir, soy yo quien te devuelve las cartas y no ella. Se ha marchado, me cuentan que para en Odesa, pero realmente no lo sé, estoy solo. Javier se ha ido, creo que por mi culpa, Sonja también, no sé por culpa de quién, y ya sólo me quedas tú, qué ironía, ¿verdad?
-Diego, tenemos que hablar, tenemos muchos asuntos pendientes, mira, qué te parece si....
-Déjalo, me voy de viaje, voy a dejar San Petesburgo, necesito desconectar, respirar aire nuevo, empezar en otro lugar, en otras circunstancias, de otra forma. Creo que es el momento perfecto para intentarlo. Te agradecería que no volvieras a escribir sobre nosotros en ningún medio. Suerte.

No me dió tiempo a comentarle que me habían despedido, que no volvería a escribir, el chasquido del teléfono bloqueó mis cuerdas vocales, no pude reaccionar. Diego acababa de colgar, y de salir de mi vida quizá para siempre....

Odesa... me quedo varios minutos parado, con la mirada clavada en el retrato envuelto de Sonja, cuyo rostro adivino bajo el papel, el auricular permanece en mi mano. No consigo reaccionar, la perplejidad me supera. Necesito un whiskey y poner en orden mis pensamientos.


Última edición por Volgogrado el Lun Jun 21, 2010 5:13 pm, editado 1 vez (Razón : Errores tipográficos)
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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  Diego el Sáb Jun 19, 2010 2:48 pm

Me encuentro en algún cuadrante del hemisferio sur...sobreviviendo mis últimos instantes en la incierta y frágil superficie de un mísero bloque de hielo a la deriva,metáfora acertada de mi estado.......sólo tenia un pedazo de papel y unos milímetros de tinta en la estilográfica que se agota mientras escribo este último mensaje......lo lanzo al mar y al igual que un salvaje, me llevo a la boca vorazmente los restos aún vivos de la foca que cacé a mordiscos este últiom amanecer.

Adios Sonia, mi Sonia, mi amada, mi luz.....mi vida......me cansuela saber que te dejo en las mejores manos posibles.
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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  Sonja Sychev el Dom Jun 20, 2010 2:27 pm

Debo subir a la habitación y pensar en la cena, aunque no tengo nada de hambre. Cruzo los majestuosos salones del Londonskaya, y al pasar por el jardín cubierto de verano el bullicio me hace volverme. En una pantalla discretamente integrada en la pared retransmiten un partido de fútbol. Jamás he entendido el fervor colectivo por un deporte tan absurdo, y menos cuando están jugando dos selecciones de Europa Occidental.

Al reanudar mi camino me topo con una mujer que me mira fijamente desde uno de los cómodos butacones del jardín. No es bella, pero la determinación extrañamente salvaje que emana de sus ojos le hace atractiva. Su cabello pelirrojo cae en ondas enmarcando un rostro de piel lechosa ligeramente moteado de minúsculas pecas. Debe tener aproximadamente mi edad, la marca de unas casi imperceptibles arrugas en la comisura de sus ojos verdes la delatan.

Cruzo delante de ella y se levanta rápidamente tomándome del antebrazo. Una oleada colérica me sube desde el estómago, jamás he tolerado el contacto físico de un extraño. Antes de poder recriminarle su actitud, la desconocida me dice:

- ¿No le gusta el fútbol, Sonja? Un deporte tan global debería apasionarle, dada su afición a hombres de todas las nacionalidades. ¿Qué opina de la selección escocesa en particular? Son perdedores natos, pero a pesar de todo tienen su encanto, ¿no cree?

Soy incapaz de responder. El marcado acento de las Highlands la delata, mi misteriosa desconocida es escocesa, como Max.

- No se quede con esa cara de sorpresa, esperaba mucho más de usted. Este encuentro me gusta muy poco, pero es vital que lea esta carta. Si alguna vez ha sentido algo de amor por su marido y por Max es necesario que la lea, probablemente es la última ocasión que va a tener de compensar un poco el dolor que nos ha causado a todos. Y no se esfuerce en pedir más explicaciones, esta carta le dará todas las pistas que necesita. Nos veremos pronto, Sra. Sychev.

Antes de poder reaccionar, la desconocida sale del salón rápidamente, desapareciendo en el trasiego de gente que entra y sale del hotel.

Mientras subo en el ascensor abro el sobre color crema sin ninguna marca. Es una simple hoja amarillenta de papel vulgar, pero la letra con la que comienza la misiva es inconfundible. Es Max …

“Querida Sonja…”
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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  el joven uruguayo el Dom Jun 20, 2010 4:15 pm

Me miro delante del espejo. Me limpio bien la cara, me aplico crema hidratante, y, con lápiz negro, comienzo a pintarme sombras de edad en mi semblante. Me engancho unos cuantos pelos canosos en la barba, y, por último, una nariz con una extraña cicatriz. La gente evita mirar a la cara de las personas marcadas. Me visto a la moda local, con esos colores tristes y esa franela que pica. Al llegar al hotel, compruebo que el casillero de Sonia sigue vacío, aún no se ha ido. Aún no se como destruirla, no sirve simplemente matarla. Le he de producir un dolor extremo, ha de saber que significa quedarse sin lágrimas. Pútrida mujer infame. Por un momento el futbol de la tele me distrae. Y veo a una mujer ¿inglesa? que le da una carta. Me levanto de la barra del bar, y la sigo discretamente. En vez de encaminarse a la calle, vuelve hacia su habitación. Entro con ella en el ascensor, tan cerca de ella, notando el olor pútrido de su perfume. Detrás, consigo ver unas pocas líneas de la carta. Es la letra de Max...no puedo evitar una sonrisa. Creo que empiezo a entrever un camino...solo he de perfilar el disfraz.
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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  Volgogrado el Dom Jun 20, 2010 8:38 pm

Palestine McVev me dió cita para tres semanas más tarde. Sin duda la reputada detective estaba hasta arriba de trabajo, y las circunstancias me hacen pensar que debe de ser realmente buena en lo suyo, puntillosamente brillante. No en vano, pese a que su agencia se ubica en un recóndito rincón de la remota Inverness, recibe clientes de todo el Reino Unido y gran parte de Europa. Empecé a saber de ella por los periódicos escoceses, algo así como la nueva heroína nacional en un país cada vez más envejecito y resignado, y poco a poco su fama de Conan Doyle (por no salir de Escocia) del siglo XX fue subiendo como la espuma.
Dejé atrás Glasgow con mi BMW de 10 temporadas atrás, fruto de vientos que soplaban mucho más favorables que los de ahora, y me crucé las empinadas carreteras de las Highlands, los escarpados montes, con sus curvas mojadas por la lluvia impenitente que siempre nos acompaña en esta parte del globo hasta llegar a Inverness. El edificio donde se encontraba la agencia era de color rosado, y en cierta forma me invitó al optimismo en un día tan aciagamente gris y lluvioso. Tras una espera de 30 minutos que se me hizo interminable fue la propia Palestine quien me abrió la puerta. Me pareció a su modo hermosa, con una determinación extrañamente salvaje que emanaba de sus ojos verdes, un atractivo inusual. Su cabello pelirrojo caía sobre sus hombros en ondas rizadas enmarcando la tez blanca de una cara ligeramente moteada por minúsculos lunares.

-Bienvenido Señor McPlaci, póngase cómodo. Le imaginaba más guapo y esbelto, supongo que juzgo demasiado rápido lo que leo en los periódicos.

Primer dardo envenenado, sin dudas la señorita McVev (me pareció no ver anillos en sus dedos) jugaba fuerte desde el principio, desmoralizando y subyugando a sus clientes para tener control absoluto de la situación.

-Y yo a usted la imaginaba menos parecida a Mamen.
-No sé de qué cojones me habla.
-No me haga caso, Mamen es la protagonista de unas viñetas de una revista satírica española que solía leer cuando estaba de vacaciones en Marbella.
-Así que veranea usted en Marbella, muy original. Nada más verle me quedó patente su marcado interés por las ciudades con legado histórico-cultural.

Segunda patada al estómago, sería mejor no andarse por las ramas y no dar oportunidad alguna a que se inmiscuyera en mi vida personal.

-Estoy aquí porque quiero contratarla para un trabajo delicado.
-Soy toda oídos
-Quiero que encuentre a una persona
-¿En Escocia?
-En el mundo, rumores apuntan a que puede encontrarse en Ucrania, pero no es seguro
-Eso le costará muy caro, tendrá que escribir muchos artículos para hacer frente a los gastos de semejante investigación
-Usted no ha de precuparse por ello, me haré cargo del coste de la misma
-¿Quién es esa persona?
-Responde al nombre de Sonja Sychev

Palestine McVev se quedó pensativa unos breves segundos.

-¿Tiene esto algo que ver con el gran maestro de ajedrez Diego Sychev?
-Es su ex mujer
-Me resulta divertido, e incluso algo irónico, que me pida una investigación sobre alguien que usted ya se encargó de investigar hasta el punto de desvalijarle toda su privacidad
-Investigué al marido pero no a ella, además eran otros tiempos, ya ni siquiera soy periodista.
-Cualquiera lo diría a raíz de lo que ha escrito sobre la muerte de Javier Astigarraga de Etxabe, por cierto cuñado de la mujer en cuestión

La conversación se me estaba yendo de las manos, necesitaba reconducirla.

-Cuando encuentre a Sonja quiero que le entregue una carta de mi parte
-¿Eso es todo?
-Sí, eso es todo cuanto necesito de usted.
-Bien, cuente con ello, acaba usted de contratar los servicios de Palestine McVev
-Gracias... por cierto... ¿por qué un nombre tan peculiar?, ¿por qué se llama usted Palestine?
-Porque... me ayudaría mucho que me facilitase una foto de Sonja, si es usted tan amable.

No conseguía cazarla, Palestine sabía bien marcar los límites de su territorio. Me saqué del bolsillo de la chaqueta la foto que que Sonja me regaló aquella vez, en blanco y negro, y que inspiró a posteriori uno de mis mejores y más sentidos lienzos.

-Bien, creo que por el momento esto será suficiente. ¿Va a quedarse en Inverness mucho tiempo?

Aquella pregunta me dejó a cuadros, había llegado hasta aquí pero hasta este mismo instante no me había planteado la duración de mi estancia.

-Ehh... esto...
-Si piensa pernoctar en la ciudad, esta noche podríamos quedar a tomar algo, el comentario del principio de que no me parecía guapo era más bien una broma para romper el hielo.
-¿Es usted siempre así de directa?
-Si no lo fuera no podría ejercer la profesión con que me gano la vida.
-¿Le viene bien a las 7 en la whiskería Slàinte?
-Me viene perfectamente, allí estaré.

Dudaba si debía pedírselo o no, pero al final me lancé.

-Hay una cosa más
-¿De qué se trata?
-Quiero que encuentre también a su ex marido; Diego Sychev.
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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  Sonja Sychev el Dom Jun 20, 2010 9:15 pm

Antes de empezar a leer la carta la doblo apresuradamente y la guardo en el bolsillo de la chaqueta. En el momento de cerrarse las puertas del ascensor ha entrado precipitadamente un hombre de aspecto francamente desagradable. Una cicatriz cruza su nariz y la sonrisa cruel que se dibuja en su cara no hace mejorar el conjunto.

Presiento que algo no va bien, las ropas de este hombre son anacrónicas, propias de la Odesa que yo conocí a principios de los ochenta. Es imposible que este individuo se aloje en un hotel tan lujoso como el Londonskaya.¿ Qué demonios está pasando?

El trayecto hasta la sexta planta se me hace eterno. Oleadas de pánico empiezan a invadirme y cuando la puerta se abre, salgo corriendo por el pasillo alfombrado. Las sandalias de tacón alto que llevo no me ayudan en mi huida y oigo a mis espaldas una voz escalofriante:

- ¡Ehhh, señora espere, debo hablar con usted! ¡Maldita zorra, deja de correr!

Soy incapaz de correr más, entre los tacones, la chaqueta y el bolso no puedo ir más deprisa. Giro la cabeza, ¡está a punto de alcanzarme! Justo cuando parece inevitable que me atrape, oigo un estruendo ensordecedor. El hombre de la cicatriz ha chocado con un camarero que salía de una de las habitaciones, volcando el carro cargado de bandejas y cristalería. Tengo el tiempo justo para sacar la tarjeta magnética, abrir la puerta y cerrarla tras de mi.

Me escurro con la espalda pegada a la puerta hasta quedar sentada en la mullida moqueta de la habitación. No puedo más, me falta el aliento y ¿dónde está mi chaqueta? ¡La carta de Max, la he perdido!

Tengo que tranquilizarme, llamar a recepción para informar de lo que ha pasado y sobre todo, poner en orden mis pensamientos: ¿Quién era la misteriosa pelirroja? ¿Y el cerdo que me perseguía? ¿Qué ocurre con Max? Odesa ya no es el refugio que yo pretendía, tengo que pensar algo, escapar de aquí, pero a donde?
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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  el joven uruguayo el Dom Jun 20, 2010 10:43 pm

El día que enterré a Javier, hasta el cielo parecía traicionarle. El sol derretía cualquier sentimiento de misericordia que pudiese sentir cualquiera de los presentes. Un periodista, el empleado de la funeraria y yo mismo. Para cuando me enteré, ya era tarde, la prensa ya había descubierto quien era, y las tristes circunstancias de su muerte. Creo que hay pocas profesiones mas miserables que la de los periodistas, tipejos inmundos que convierten en entretenimiento para el almuerzo las desgracias ajenas. Javier fue bueno conmigo. Me sacó de la calle. Me alimentó, me acunó y curó mis heridas. Me enseñó los rudimentos del ajedrez. Me fue muy útil descubrir y entender que no siempre es necesario comerte la pieza para derrotar a tu rival. Hacía unos cuantos años que no sabía de él, y, ahora, que hubiese podido sacarle yo a él de la miseria...me lo han arrebatado...es la hora del último contrato, y esta vez pago yo...Javier, descansa en paz, descansa como no descansará Diego...
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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  Diego el Lun Jun 21, 2010 1:28 pm

Diego simplemente delira

Si.

Mi horizonte es desde hace semanas, blanco azulado ,durante las pocas horas de sol del invierno artico.Un horizonte de apenas unos 20 m2. y sin apenas alimento, sólo quedan las vísceras de la foca cazada....y ante una situación tan desesperada, mi pensamiento se pierde y se muere por preguntar (si fuese posible) a Max, porque el hielo de los icebergs no es salado,jajajajajajajajajaja.....distraigo mi mente retando con inútil y estúpida altivez a mis adversarios del pasado....se acerca un bloque de hielo de grandes proporciones, grande como un edificio de veinte plantas....si fortuitamente se avalanza sobre mi frágil banquisa será el fin......un brusco giro del viento hace que pase a escasos centímetro;lo oigo crujir, quejarse y desaparce igual que ha aparecido.....esta vez he sobrevivido, ¿hasta cuando?.....mi mente divaga y viaja al pasado,un pasado muy remoto, de cuando era un adolescente que respondia al nombre de Israel Cohen Suchowolski.....

....estoy en el intermedio de un partido de fútbol en Sarriá,mi equipo , mi Español, está venciendo al rival ciudadano....estoy lleno de gozo por el triunfo, mi imaginación vuela mientras utilizo el urinario...estoy sólo, oigo rugir el campo,.....mientras , sigilosamente, una silueta familiar se acerca, se acerca y me llama por mi patronímico:Simón....hace semanas que te busco;sorprendido, veo al presidente de mi club, Don Manuel Meler, presidente también de la compañia tabaquera de filipinas..

......!!!!!
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Re: De vuelta a Odesa

Mensaje  Diego el Lun Jun 21, 2010 1:41 pm

¿Sorprendido, Simón??.....no debieras, por los informes que tengo eres un pendenciero de cuidado,no, no , no te ruborices..no lo digo como reproche, al contrario, debes saber que los de arriba aprueban como eres.....y poreso estoy aquí;antes debes saber que no te hablo como presidente del Club,quiero hablarte como representante del Consejo Rabínico Sefardí de Israel.....no, no necesitas disimular conmigo;mira mi cicatriz y mi tatuaje que me acreditan....buen chico.....

....el Consejo sabe que destacas en las asignaturas de matemáticas y químca;dime;¿Te gustsaria seguir tus estudios en la universidad Mendeleiev de San Petersburgo (nunca me acostumbrará a la ignominia de llamarla Leningrado?.......también sabemos de tu pasión por los polos terrestres.....debes tomar una decisión rápida, sin analizarla, sin pensarla, debes dejar hablar a tu corazó y escucharás a tu pueblo SEFARDÍ...

.....
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